El ex jefe de Estado de Francia Nicolas Sarkozy se presentó hoy como la única alternativa para encarrilar el país, en su primer acto tras su retorno a la política como candidato a la presidencia de la conservadora Unión por un Movimiento Popular (UMP), pese a que enfrenta más de media docena de escándalos y causas en la Justicia por corrupción.
Sarkozy, presidente del país europeo entre 2007 y 2012, ofreció una demostración de fuerza ante más de 2.000 personas en Lambersart, localidad del norte de Francia en la que el ultraderechista Frente Nacional (FN) obtuvo buenos resultados en las últimas elecciones.
El ex mandatario se mostró contento de volver a la primera línea política, tras más de dos años y medio alejado del debate público, y confiado en sus posibilidades no sólo para liderar nuevamente Francia, sino también para terminar con las disputas internas de su partido.
"He tomado una decisión que me compromete, la de poner todas mis fuerzas al servicio de Francia, y los voy a necesitar. Voy a necesitar su apoyo y su compromiso, (...) porque van a estar todos contra nosotros al ver que representamos una fuerza que ha estado mucho tiempo silenciada y que quiere tomar la palabra", indicó Sarkozy, citado por la agencia de noticias EFE.
Así, el ex jefe de gobierno dio un paso adelante hacia la presidencia de una UMP dividida, arruinada y salpicada de escándalos de corrupción, que elegirá a su líder el próximo 29 de noviembre.
"Hay que poner fin a disputas irrisorias que han ridiculizado a nuestra familia política. He vuelto para ayudar a unirnos. Rechazo las peleas de egos. Cada uno tendrá su lugar y su papel a la medida de su trabajo al servicio del colectivo", dijo en alusión a los otros candidatos, aunque sin nombrar a Francois Fillon, quien fuera su primer ministro, ni a Alain Juppé, también ex premier.
Si bien Sarkozy, que perdió las elecciones de 2012 con el actual mandatario socialista, Francois Hollande, aseguró que se celebrarán primarias en la UMP antes de las elecciones presidenciales de 2017, dotó su discurso de un tono y un contenido más fijado en ese horizonte electoral que en el de su propia agrupación.
"Me dirijo a los franceses tentados de no creer en nada y en nadie", aseguró entre las ovaciones constantes de un público al que confesó que en todo este tiempo reflexionó "mucho" sobre qué funcionó y qué fracasó cuando estuvo al mando del Ejecutivo.
El ex mandatario aseguró "no pretender haberlo conseguido todo" en sus cinco años en el Elíseo, pero sí se congratulo de que la derecha "jamás haya cedido a la presión de la calle, fueran cuales fueran las consecuencias".