Hillary Clinton empieza a distanciarse de Obama

La ex secretaria de Estado cuestiona la prudencia de Obama ante la guerra civil en Siria y vincula esta política con la arremetida de Estado Islámico (EI) en Siria e Irak.

Dentro del partido demócrata estadounidense, Hillary Clinton le disputó la candidatura a presidente a Barack Obama y tras este último ganar la batalla le encargó la díficil misión de conducir la política exterior de Estados Unidos, hasta que dejó su lugar por John Kerry.  Ahora la mujer del ex presidente Bill Clinton empieza a distanciarse de Barack Obama: quiere definir un perfil propio ante una posible candidatura a las elecciones presidenciales de 2016, según describe un análisis del diario español El País. 

La política exterior y la crisis en Iraq, que ya fueron motivo de disputa entre ambos durante las primarias demócratas de 2008, vuelve a dividirlos. 

En una entrevista con la revista The Atlantic, Clinton cuestiona la prudencia de Obama ante la guerra civil en Siria y vincula esta política con el ascenso del Estado Islámico (EI) en Siria y en el vecino Iraq. 

La ex secretaria de Estado y ex primera dama cree que la negativa del presidente a armar a los rebeldes sirios ha contribuido el ascenso de la facción más extremista y antioccidental de la oposición al régimen de Bachar el Asad. Son las críticas más explícitas a su antiguo jefe desde que abandonó el cargo de secretaria de Estado en 2013. 

“El fracaso a la hora de crear una fuerza de combate creíble con las personas que originaron las protestas contra Asad —allí había islamistas, había seculares, había de todo entre ambos [extremos]— (...) ha dejado un gran vacío que ahora han llenado los yihadistas”, dijo Clinton.

Es difícil explicar el ascenso político de Obama sin su oposición a la invasión de Irak en 2003. Clinton, que entonces era senadora por el estado de Nueva York, votó a favor de autorizar al entonces presidente George W. Bush la acción militar. Obama y Clinton se disputaron la nominación del Partido Demócrata a las elecciones presidenciales de 2008. Fueron unas primarias reñidas en las que Obama y Clinton intercambiaron acusaciones virulentas. El sí a la invasión y ocupación de Irak lastró la candidatura de Clinton entre unas bases demócratas antibelicistas y un país que deseaba pasar página de los años de Bush. El no a la guerra impulsó la carrera de Obama. Una vez presidente, nombró a su rival secretaria de Estado.

Los candidatos del mismo partido que el presidente saliente afrontan a veces la fatiga de los ciudadanos con su predecesor y su partido. Puede ocurrirle a Clinton si finalmente es candidata. De ahí que intente distinguirse de Obama —criticado por sus titubeos en la política exterior, atado en manos por un Congreso hostil en Washington, y con niveles de popularidad mediocres— y evite la imagen de una Obama bis. 

Las ideas que ahora expone no son nuevas: siempre ha promovido una política exterior más agresiva y desacomplejada que la del actual presidente. Destacados neoconservadores —el grupo de intelectuales y políticos que promovió la invasión de Irak— aplauden a la exsecretaria de Estado.