Otro mundo es posible

Asistimos a la historia en tiempo presente. Nace definitivamente otro mundo. No sé si será mejor o peor que el anterior, pero es otro mundo. Y en este estamos incluidos nosotros.

Foto: web
Foto: web

En estos días, estamos asistiendo a la historia en tiempo presente. En estos días, está naciendo definitivamente otro mundo. No sé si será mejor o peor que el anterior, pero es otro mundo. Y en este estamos incluidos nosotros.

El parto ya venía produciéndose, pero se concretó definitivamente esta semana en Brasil, cuando los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) decidieron independizarse de los acuerdos de Bretton Woods que esclavizaron a gran parte del mundo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta ahora. Las herramientas de esa dominación son el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM). Y los argentinos tenemos fresca la memoria de cuando éramos una semicolonia y estos organismos manejaban a nuestros presidentes como títeres.

Ahora, los BRICS decidieron crear el Acuerdo de Reservas de Contingencias, una alternativa al FMI a la cual apelar ante tormentas financieras como las que azotan Argentina. La otra creación es el Banco de Desarrollo, alternativa al BM para financiar proyectos de infraestructura y energía principalmente.

Entre los cinco países miembros de los BRICS suman el 26 por ciento de la superficie mundial, un dato no menor cuando la tierra cobra cada vez más importancia por la necesidad de producir cada vez más alimentos. Además, suman el 40 por ciento de la población global, casi 3 mil millones de personas, que con las mejoras en su calidad de vida, se vienen incorporando al mercado de consumo. Y el 20 por ciento del Productor Interno Bruto mundial, o sea un quinto de todo lo que producimos en el mundo en un año.

A este grupo fue invitada la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, en una muestra del interés de los BRICS por incorporar a la Argentina. Y para veneno de los que siguen pregonando el desánimo y sus deseos fantasiosos de que “este país se cae del mundo” o “estamos aislados del mundo”.

Lamentablemente para los que apuestan al fracaso del país, la Argentina es parte de este otro mundo que está naciendo. Y otras muestras de que somos parte son las visitas de Vladimir Putin y Xi Jimping, presidentes de Rusia y China respectivamente. Estuvieron en Buenos Aires en menos de una semana y firmaron acuerdos importantísimos, sobre todo en materia de inversiones en energía (Rusia en energía nuclear y China en energía hidroeléctrica), y en integración cultural. Una muestra de que el nuevo mundo viene asomando la cabecita es que también tendremos pronto una fuente alternativa de información en materia de política internacional. Porque vamos a poder ver gratis y las 24 horas Russia Today, el canal internacional ruso en español. Se incorporará a la grilla de la TV Digital Abierta y será un resquicio para refugiarse de la intoxicación informativa de las cadenas occidentales.

Decíamos al inicio de esta nota que no sabemos si este otro mundo es mejor que el viejo mundo que está moribundo, pero es distinto. Durante el siglo XX vivimos en un mundo dividido en dos: el dominado por Estados Unidos y el que respondía a la Unión Soviética. Luego de la caída del Muro de Berlín, vivimos una década de un mundo unipolar, con los Estados Unidos como el hegemón absoluto. Pero a partir del inicio de este milenio, estamos mutando cada vez más hacia un mundo multipolar, con potencias emergentes como los BRICS y otras más como Irán o los países de Sudamérica. No necesariamente deben existir coincidencias totales en lo ideológico, sino la idea clara de que podemos compartir tácticas o estrategias. Y ni siquiera tienen que ser permanentes.

Hay un viejo axioma que dice que en política internacional no hay amigos y enemigos permanentes, sino intereses que van cambiando. Pues bien, nuestro interés en este momento puede ser acercarnos a los BRICS o a otros bloques.

Dicho llanamente, como hablamos en el barrio, no es que los rusos y los chinos sean mejores que los yanquis, pero son otros y siempre está bueno poner un los huevitos en distintas canastitas, para no depender de un solo amo y señor, como fue históricamente. De depender políticamente del Imperio Español pasamos luego a depender económica y financieramente del Imperio Británico y a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial del Imperio Estadounidense. Hoy el Imperio es el sistema financiero internacional, que nos está atacando desde los fondos buitres en lo que podría ser la última y definitiva batalla.

En este nuevo mundo multipolar, no habrá dependencias tan notorias en tanto y en cuanto no dejemos que uno solo vuelva a ser el matón de la esquina. Es decir, que no vuelva a imponerse el imperialismo de cualquier signo político y económico.


Por Mariano Saravia.