Hasta ahora, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, se mantuvo más bien en segundo plano en la nueva ronda de las negociaciones de paz para Cercano Oriente.
Desde su reelección, le cedió el espacio a su secretario de Estado, John Kerry, quien desde hace un año se esfuerza con tenacidad e intensamente por alcanzar por fin un acuerdo que solucione un conflicto que lleva décadas.
Hace siete meses, en contra de todas las expectativas, Kerry logró volver a sentar a la mesa de negociaciones a israelíes y palestinos.
Pero dos meses antes del plazo para alcanzar un acuerdo, fijado por él mismo, tuvo que admitir que es imposible cerrar un tratado definitivo para fines de abril.
"Desde hace meses decimos que en principio sólo se puede tratar de conseguir un acuerdo marco", subrayó en Washington.
Pero ahora, Obama hará uso de todo su peso como el político más poderoso del mundo para posibilitar antes del plazo al menos un consenso mínimo entre las inflexibles partes en Cercano Oriente y hacer posible así una continuación de las conversaciones.
Obama asume grandes riesgos, escribió el diario "The New York Times". Su primer intento en 2010 terminó en un rotundo fracaso durante su primer mandato.
Mañana lunes, el mandatario recibe primero al jefe de gobierno israelí, Benjamin Netanyahu, en la Casa Blanca y dos semanas después al presidente palestino Mahmud Abbas.
Con Netanyahu seguramente también conversará de nuevo sobre las diferencias en el tema del conflicto nuclear con Irán. Actualmente se está negociando y la oposición de Israel a ser demasiado complacientes con Teherán son conocidas desde hace tiempo.
Pero en el proceso de paz para Cercano Oriente el tiempo apremia.
El negociador jefe palestino Saeb Erekat advirtió recientemente que no se negociará un día más una vez finalizado el mes de abril, si no se logran antes avances significativos.
En el caso de que las conversaciones fracasen, los palestinos volverán a apostar a la carta internacional. "Los palestinos se esforzarán por ser reconocidos por organizaciones internacionales como país con las fronteras de 1967", dijo recientemente.
A fines del año pasado, Kerry hizo la propuesta de ganar más tiempo con un acuerdo marco. Pero según el estado actual de las negociaciones, se desconoce qué debe figurar exactamente en el acuerdo marco y si ambas partes estarán comprometidas a algo. Al respecto a diario pasan por los medios nuevas especulaciones.
Desde el comienzo, ambas partes se comprometieron a no filtrar detalles. Sólo Kerry puede dar información.
Por este motivo rige la regla: El que habla no sabe nada y el que sabe algo, no habla. "Por lo tanto, si uno lee algo en los diarios o alguien divulga un supuesto detalle, no le crea", dijo en septiembre Kerry.
Lo que está claro es que las conversaciones son lentas, algo que Kerry tuvo que comprobar en sus innumerables reuniones y una decena de viajes a Cercano Oriente.
Muy conocidas, pero también irresueltas, son las piedras que se encuentran en el camino hacia la paz: el estatus de Jerusalén, los límites del estado palestino, el derecho a retornar de los refugiados palestinos y sus descendientes, las construcciones de asentamientos israelíes, la presencia de tropas israelíes en la frontera oriental de un futuro estado palestino con Jordania y la demanda relativamente nueva de Netanyahu de que los palestinos reconozcan a Israel como Estado judío.
Obama toma aire para sentarse a negociar con Netanyahu. La relación entre ambos empeoró bastante a lo largo de los años.
Pero al final de su segundo y último mandato, Obama no querrá que se lo acuse de escasa intervención en el futuro de Cercano Oriente.
Fuente: Johannes Schmitt-Tegge y Jan-Uwe Ronneburger, Dpa.