La última vez que le preguntaron a Jen Psaki dónde era exactamente que Estados Unidos había logrado victorias en la guerra contra la milicia terrorista Estado Islámico (EI), la portavoz del Departamento de Estado terminó balbuceando. "Un momento. Perdón, ya lo voy a encontrar", dijo mientras buscaba nerviosa entre sus documentos.
"¿Eso significa que no hubo ninguna?", preguntó un periodista provocando las risas de los presentes. Pero la situación es grave: ¿Estados Unidos y sus aliados no quieren doblegar a la milicia terrorista o no pueden?
Hace unos 60 días que Washington lanza bombas sobre Irak y hace menos tiempo que lo hace sobre la vecina Siria. A pesar de que el avance del EI, que ha sido peligrosamente rápido, fue frenado de alguna manera desde entonces, la operación parece estar lejos de ser un éxito.
En la ciudad de Kobane, en el norte de Siria, los kurdos están a punto de sufrir una masacre. El diario "Los Angeles Times" habla ya de una "sonada derrota".
Si se cree a los estrategas militares y los analistas de los "think-tank" de Washington, los yihadistas aparentemente se adaptaron muy rápido a los ataques aéreos de Estados Unidos y sus aliados.
Antes del comienzo de los ataques en Irak, a principios de agosto, y en Siria, a fines de septiembre, en el ámbito militar y en el Pentágono se dudaba de la efectividad que podrían tener los aviones de combate, bombarderos, aviones no tripulados y los misiles Tomahawk contra los hasta 30.000 combatientes del EI.
La base de la lucha contra los yihadistas es una estrategia del Ejército estadounidense que ya fue usada en la Segunda Guerra Mundial durante el bombardeo contra la Alemania nazi y contra Japón, que el coronel Clint Hinote describió en un aporte para el Council on Foreign Relations.
En ese entonces la idea era elegir objetivos por su importancia estratégica en la guerra y atacarlos. Cuanto más cabecillas eran alcanzados, más corta sería la guerra y menores las pérdidas en ambos bandos.
La táctica evolucionó en los años 80 para la operación "Tormenta del Desierto" en la segunda guerra del Golfo con el desarrollo de armas de precisión y camufladas. Pero incluso tras la guerra contra Saddam Hussein hubo controversia en torno a si el enemigo podía ser frenado sólo desde el aire o si eso no podía llevar a más caos y amenazas en tierra.
Ante la falta de tropas especiales en suelo sirio que tengan conocimientos suficientes como para matar a líderes del EI de manera dirigida, la meta es presionar a la organización como un todo. Esto significa que se necesitan ataques contra cuarteles centrales, centros de entrenamiento, refinerías y centros de comando, pero también contra depósitos de armas, vehículos armados, posiciones de combate.
"Algunos creen que esto va a frenar al EI, aunque la mayoría de los líderes militares cree que no", escribió Hinote. El coronel considera que el EI se readaptará y buscará nuevas oportunidades para entrenarse y recibir refuerzos.
El portavoz del Pentágono, John Kirby, cree que los extremistas se dispersaron, se esconden entre la población, se comunican de otra manera y por eso no pueden actuar con tanta libertad. Pero también considera que para lograr una victoria verdadera se necesita al menos una cantidad limitada de tropas estadounidenses sobre el terreno, para que los comandantes puedan dirigir los ataques aéreos según la situación.
Según Kirby, este trabajo no se puede lograr de igual forma con grabaciones de vuelos de reconocimiento e imágenes satelitales. Una guerra desde el aire no es la solución a todos los males.
"Los presidentes de Estados Unidos deben considerar todas las opciones", cuestionó el ex secretario de Defensa y director de la CIA Leon Panetta, que consideró que entre ellas está la opción de desplegar soldados en tierra. Panetta teme que la amenaza del EI pueda ampliarse a países como Nigeria, Somalia, Yemen y Libia. "Creo que tenemos que pensar en una especie de guerra de los 30 años".
El momento en que esto ocurre es un factor decisivo, considera Jean-Pierre Filiu, experto en Cercano Oriente del instituto parisino para estudios políticos, y menciona como ejemplo el creciente peligro de atentados terroristas.
Y Estados Unidos no parece estar pensando en un cambio de estrategia, por lo que el presidente Barack Obama quedaría en una situación extremadamente peligrosa.
James Jeffrey, ex embajador estadounidense en Irak, cree que el mejor escenario posible sería que el EI, al igual que Al Qaeda, se vea reducido a un grupo de células terroristas con influencia política y militar limitada. Y por eso considera que al igual que ocurre con Al Qaeda, es casi imposible destruir al EI de un solo golpe.
Fuente: Johannes Schmitt-Tegge, Dpa.