En lo que se vislumbra como un claro cambio de estrategia, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, decidió en las últimas horas bajarle el tono a la polémica por las controvertidas técnicas de espionaje del Gobierno y anunció una serie de medidas para impulsar la transparencia de los programas de vigilancia de la Administración.
Antes de iniciar sus vacaciones Obama ofreció su primera rueda de prensa en más de tres meses para responder a las cuestiones sobre espionaje que causaron un evidente resentimiento de su popularidad.
El mandatario anunció una revisión de la Ley Patriótica, una reforma del Tribunal de Supervisión de Inteligencia Extranjera, el organismo secreto que autoriza la captación de datos, o la creación de un equipo independiente que analice la tecnología empleada por las agencias de inteligencia.
“No basta con que el presidente tenga confianza en la legalidad de estos programas, es necesario que el pueblo estadounidense también la tenga”, aseguró Obama, según reseña El País.
Este viraje en la actitud de la Administración Obama con respecto a sus mecanismos de inteligencia, cuya legitimidad siempre había defendido de manera firme hasta ahora, es una clara concesión a los grupos de derechos civiles y empresas que han intensificado su presión política durante las reuniones que han mantenido con el presidente en privado en la Casa Blanca en los últimos días.
La filtración de los programas de seguridad por parte de Edward Snowden y su posterior huida de la justicia estadounidense se han convertido en un serio contratiempo para la Administración Obama.
Obama se refirió también a su falta de sintonía con el líder ruso: “Putin ha devuelto a la mesa de negociación una retórica antiamericana propia de la Guerra Fría, pero no tengo una mala relación con él”.
“Francamente, en un amplio abanico de cuestiones en las que creíamos que podíamos hacer progresos, como Siria o los derechos humanos, Rusia no se ha movido y por eso hemos creído que era el momento de revisar nuestra relación”, explicó.