Jorge Mario que ya no Bergoglio sino el papa Francisco, el pontífice argentino, puso a prueba su carisma, gestos y mensajes en la Jornada Mundial de la Juventud que acaba hoy en Brasil. Francisco logró un impacto de mucha contundencia en esta salida internacional. Más allá de que estas Jornadas Mundiales de la Juventud fueron un evento religioso, donde ya se sabe que cualquier católico se verá conmovido, incluso quienes no lo son, como ya pasó hace dos años en Madrid con el papa Benedicto XVI aunque con menos profundidad. El mensaje fue contra la comodidad, la riqueza superflua, la falta de solidaridad y muy especialmente, contra la corrupción.
Esta vez el papa argentino dejó en claro que se siente más cómodo cuando sale "a la periferia", como él mismo llama a escapar del encierro de una parroquia o de la comodidad moralista de algunos que practican la fe católica. Francisco conmovió porque habló como un cura párroco, desprendido del formalismo y la solemnidad que implica la investidura que lleva.
Si bien el mensaje de fondo de la Iglesia Católica no cambia (amar al enemigo, ser el primero en amar, perdonar, buscar la unidad y el bien común), Francisco lo mostró con gestos apenas inició su pontificado en marzo último. Pero en los encuentros masivos que tuvo con jóvenes y ciudadanos en Brasil lo fue afirmando con más convicción y contundencia. El papa fue sacudiendo conciencias a cada uno de los cientos de miles de interlocutores que siguieron este evento, al punto que las escenas con lágrimas empezaron a multiplicarse en los canales internacionales de noticias.
Tras un sábado a la noche inolvidable para los argentinos -dos de ellos caminaron tres mil kilómetros para estar allí- el mayor deseo de quienes asistieron es atesorar las palabras del Papa Francisco para después utilizarlas como un legado.
"La Jornada Mundial Juvenil es algo único, algo que te marca el alma y el espíritu y te levanta anímicamente", dijo Joni Aquino, un joven de Pompeya (Buenos Aires) que viajó con la parroquia Santa Elisa de Constitución.
Joni se aprestaba este sábado como cientos de miles de jóvenes a pasar el día y la noche en Copacabana para esperar la misa de "envío" como se llama a la celebración eucarística que presidiò Francisco hoy a la mañana para clausurar la jornada.
El padre Tomás Yon de la parroquia San Pablo de Punta Alta, en la diócesis de Bahía Blanca, de la que vinieron 300 peregrinos en total, 165 en un avión charter, dijo a NA mientras hacía ondear una enorme bandera celeste y blanca en las arenas de Copacabana, que hay "lío cristiano". "Se canta a Cristo en el bus, en la calle, en todos lados y si bien hay alguna desorganización, no tiene importancia", expresó. “Uno de los aspectos más características que dejó la Jornada es la impresionante hospitalidad de la gente brasileña que nos recibió en su casa, ellos hicieron lo que advierte Jesús en el Evangelio, tuve hambre y me diste de comer, sed y me diste de beber”, reflexionó el joven sacerdote.
Por su parte, no son sólo los argentinos los que hacen balance, también los brasileños tienen sus expectativas, como las de Gustavo Ribeiro, gerente de Actos Culturales JMJ Rio2013, acerca del discurso que el Papa dio ayer en el lujoso Teatro Municipal de Río. "Será uno de los platos fuertes de la Jornada Mundial de la Juventud", había adelantado y no se equivocó porque el Papa les pidió que se ocuparan de la política y de las generaciones futuras y explicó que el "diálogo" (palabra que repitió tres veces), es "el único modo de que una sociedad avance". Después remitió a la "cultura del encuentro", algo que en la Argentina escasea.
Antes de la visita de Francisco a Brasil se habló mucho de los problemas de seguridad y de las protestas contra el gobierno de Dilma de los últimos meses. Inclusive, durante la semana en que se desarrolló la JMJ, algunos "indignados" de ese país aprovecharon las concentraciones masivas de católicos para mostrarse ante el mundo. Y Francisco les dejó un mensaje: "El camino fecundo" es pensar que "entre la indiferencia egoísta y la protesta violenta siempre hay una opción posible, el diálogo, en la generación, en el pueblo, todos somos pueblo, la capacidad de dar y recibir, permaneciendo abiertos a la verdad".
El sumo pontífice argentino aseguró que "un país crece cuando sus diversas riquezas culturales dialogan de manera constructiva". También afirmó que "es imposible imaginar un futuro para la sociedad sin una incisiva contribución de energías morales, en una democracia que se quede encerrada en la pura lógica con el mero equilibrio de la representación de intereses establecidos".
Mientras ya se siente la nostalgia de que el primer papa latinoamericano en visitar su propio continente cruce el Atlántico, hasta los religiosos, sacerdotes, obispos y seminaristas tuvieron su propio encuentro con una misa celebrada por Francisco en la catedral de San Sebastián en Río. "La peregrinación sigue. Y como nos pidió Francisco este mediodía: Sigamos haciendo lío", recomendó la pastoral de la juventud católica argentina en una carta.
Para algunos analistas, la Jornada Mundial de la Juventud será el fin de la luna de miel del inicio del pontificado de Francisco. Aunque es difícil pronosticar si esto será cierto o no. En Roma le espera terminar con la tarea que inició, para limpiar el Vaticano de escándalos, negociados, corrupción, y el problema de los delitos sexuales en varias diócesis. Francisco ya ha cortado varias cabezas a esa serpiente de múltiples bocas.
"A Jesús me lo imagino como Francisco: cercano, misericordioso, bueno y a la vez, firme, que dice las cosas como son. Pero Jesús terminó crucificado", dijo Pilar Amoretti, una mendocina que vivió la experiencia de la Jornada Mundial de la Juventud.
Francisco se va de Brasil, los argentinos estuvimos cerca. Para más de 600 jóvenes mendocinos la experiencia será inolvidable. Pero sólo será útil si cumplen con el mandato: hacer lío, pero el lío del encuentro, la reflexión, la unión, servir al otro, comprender, ayudar, luchar contra la corrupción y afirmar los valores más profundamente humanos. Los mensajes de Francisco en este viaje trascendieron la religión, el propio catolicismo, para calar hondo en millones de conciencias, algo de lo que los líderes políticos del mundo deberían tomar conciencia. Así, podría decirse que el papa argentino es el nuevo jefe de los indignados, pero de los Indignados en Paz.
Informe: Mario Simonovich.