La disputa nuclear determinará el presidente iraní

El 14 de Junio se realizarán elecciones en el país asiático. Las campañas se enfocan sobre políticas de armas de destrucción masiva.

Ocho candidatos competirán el 14 de junio para suceder como presidente de Irán a Mahmud Ahmadineyad. La disputa nuclear con Occidente es el tema central de las campañas electorales de todos los contrincantes.

Los debates televisivos, que hace cuatro años tuvieron altas cuotas de audiencia, incluso algunos medios iraníes se han burlado de ellos, comparándolos con programas infantiles y concursos de preguntas y respuestas.

Tanto los conservadores como los candidatos reformistas ven en la política nuclear de Ahmadineyad la causa de la crisis política y económica en el país. Sin embargo, ninguno de los ocho rivales, todos leales al régimen de los ayatolás, propone cambiar la política nuclear suspendiendo el enriquecimiento de uranio, por ejemplo.

La Constitución de Irán concede al líder religioso supremo, el ayatolá Ali Jamenei, la prerrogativa de tener la última palabra en todos los asuntos de importancia estratégica. Esto vale no sólo para la política nuclear, sino también para la política respecto a los conflictos en Cercano Oriente y, concretamente, las relaciones hostiles de Teherán con Israel y Estados Unidos.

El apoyo iraní al régimen sirio, así como la cooperación con la milicia chiita Hizbollah en el Líbano y el movimiento radical Hamas en los territorios palestinos, también forman parte de la llamada política de Estado. Por ello, el presidente sólo puede implementar la política en estas cuestiones estratégicas, pero no puede cambiarla.

Un diplomático extranjero en Teherán consideró, sin embargo, que "no se puede cambiar la disputa nuclear con una retórica más amable, sino sólo a base de una disposición a hacer concesiones", algo que rechazan los principales candidatos presidenciales.

A diferencia de lo ocurrido en 2009, cuando los dos candidatos de la oposición, Mir Hossein Mussawi y Mehdi Karrubi, provocaron suspense y animación con una campaña electoral muy crítica con el régimen, esta vez el ambiente preelectoral es más bien aburrido. 

Si la participación electoral supera el 40 por ciento, los beneficiados serían los dos principales candidatos conservadores.

Y es que todos los candidatos son muy leales al régimen y muy prudentes, también los dos aspirantes reformistas. Ninguno de ellos quiere compartir el destino de Mussawi y Karrubi, que se encuentran bajo un estricto arresto domiciliario desde febrero de 2011.

En cuanto a los debates televisivos, que hace cuatro años tuvieron altas cuotas de audiencia, incluso algunos medios iraníes se han burlado de ellos, comparándolos con programas infantiles y concursos de preguntas y respuestas, porque los candidatos sólo han contestado obediente y mansamente las preguntas del moderador para evitar discusiones acaloradas como en 2009.

Por el contrario, si la participación electoral supera el 40 por ciento, los beneficiados serían los dos principales candidatos conservadores, el ex ministro de Relaciones Exteriores Welayati y el alcalde de Teherán, Mohamed Bagher Ghalibaf. Aunque los dos son leales al régimen y figuras cercanas al ayatolá Jamanei, se les considera conservadores moderados.

En caso de que acudan a las urnas muchos de los que pertenecen al movimiento de protesta, el favorecido sería el candidato reformista Ruhani, un clérigo moderado que como ex jefe negociador conoce muy bien los entresijos del conflicto nuclear con Occidente.