El presidente estadounidense, Barack Obama, llega este fin de semana a Centroamérica, la región más violenta del mundo a causa del narcotráfico, para reunirse con ocho mandatarios que lo esperan con demandas económicas, de apoyo a la lucha antidrogas y atención a 5,3 millones de migrantes centroamericanos que viven en Estados Unidos.
Obama arribará la noche del viernes a San José, capital de Costa Rica, procedente de México, donde también pasará revista con su colega Enrique Peña Nieto a dos temas que hoy son el eje de las relaciones mexico-estadounidenses: la migración y el narcotráfico.
La Casa Blanca anunció que el presidente está entusiasmado por "fortalecer los lazos culturales, de fraternidad y económicos" con México y las naciones del istmo. El informe oficial reconoció que el tema de seguridad estará incluido en la agenda a discutir.
Según la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE), adscrita a las Naciones Unidas, más del 70 por ciento de las 280 toneladas de cocaína que fluyen desde Sudamérica hacia Estados Unidos pasa por los países centroamericanos.
En su informe sobre el estado de la lucha antidrogas 2012, la JIFE destacó que en varios países de Centroamérica, los índices más altos de homicidios están ligados "a la delincuencia organizada y los conflictos entre grupos delictivos que se disputan el control de las rutas del narcotráfico".
Los países más afectados por la violencia y el crimen organizado, según distintas fuentes, son Honduras (92 homicidios por cada 100.000 habitantes) y El Salvador (69 por cada 100.000), aunque toda la región está agobiada por el flagelo del narcotráfico.
En una visita a Washington hace pocos días, el presidente salvadoreño, Mauricio Funes, hizo ver que Estados Unidos apenas ha desembolsado 40 millones de dólares, de los 360 millones que ha prometido destinar a la estrategia de seguridad en Centroamérica.
"Todos los presidentes centroamericanos coincidimos en que mientras no haya un mayor involucramiento del principal mercado consumidor de la droga, la lucha contra la narcoactividad y el crimen organizado no será lo suficiente que esperamos ni se traducirá en los resultados que esperamos", afirmó Funes.
Desde Managua, el nicaragüense Daniel Ortega fue más directo: "Estados Unidos es el principal receptor de drogas en el mundo, por lo tanto, debe aportar mayor cantidad de fondos si quiere que los gobiernos centroamericanos podamos contener al narcotráfico".
Medios de prensa de Guatemala, en tanto, indicaron que el presidente guatemalteco, Otto Pérez, viaja a San José con la intención de reiterar su polémica propuesta de legalizar el consumo de drogas, que hasta ahora no ha tenido mayor eco en la región.
Las autoridades de Costa Rica confirmaron la presencia de ocho gobernantes a la reunión con Obama: además de Funes, Ortega, Pérez y la anfitriona Laura Chinchilla, asistirán los presidentes Porfirio Lobo (Honduras), Ricardo Martinelli (Panamá) y Danilo Medina (República Dominicana), y el primer ministro de Belice, Dean Barrow.
Sumado al tema del narcotráfico, los mandatarios también podrían conversar sobre la reforma migratoria norteamericana, que se espera beneficie a parte de los 5,3 millones de centroamericanos (9,8 por ciento de la población de la región) que viven en Estados Unidos.
Según datos oficiales, los migrantes aportaron a la región más de 12.700 millones de dólares en remesas durante 2012, cifra récord y equivalente al siete por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) del área.
El país más beneficiado con remesas en 2012 fue Guatemala (4.700 millones de dólares), seguido por El Salvador (casi 4.000 millones) y Honduras (3.000 millones), de acuerdo a cifras oficiales.
Se considera que las remesas familiares son una fuente vital para las frágiles economías de Centroamérica, donde se calcula que casi el 50 por ciento de la población vive en la pobreza y de ellos un 19 por ciento en pobreza extrema.
Fuente: Gabriela Selser, Dpa.
Centroamérica espera a Obama con distintas demandas
La región más violenta del mundo a causa del narcotráfico, recibirá al presidente de EEUU, con cuestionamientos económicos y sociales.