Por primera vez en la historia, la concentración de dióxido de carbono alcanzó 400 partes por millón (ppm), lo que no sólo significa un enorme poder del ser humano sobre la Tierra -por todas las acciones que a lo largo de los últimos 200 años lentamente llevaron a esta situación- sino que además demuestra que las medidas para la protección del medio ambiente -al menos, en lo referente a la atmósfera- no están logrando sus metas.
Según estudios científicos, hace tres millones de años la Tierra alcanzó semejantes niveles de dióxido de carbono. Era cuando no había hielo en el Ártico, la geografía verde de la vegetación se extendía en lo que hoy es el desierto del Sáhara, los niveles del mar eran más altos y el planeta, más cálido.
Dos equipos independientes de científicos midieron el dióxido de carbono (CO2) en la estación Mauna Loa, situado en Hawai (una isla de Asia en el medio del océano Pacífico): un equipo, del Organismo Nacional del Océano y la Atmósfera de EE.UU.(NOAA) y el otro, perteneciente a Scripps Institution of Oceanography, según reveló National Geographic . El equipo de NOAA publicó en su sitio web esta mañana, antes del amanecer en Hawai, que la marca registrada el 9 de mayo fue de 400,03 ppm. El equipo de Scripps confirmó más tarde que la misma información: la marca histórica se había superado.
El observatorio Mauna Loa se ubica a 3.400 metros de altura en Hawai. "Antes de la era industrial, los niveles de concentración eran de apenas 280 ppm", afirmó Rajendra Pachauri, titular del Panel Intergubernamental de Cambio Climático de la ONU (IPCC).
"Es un punto simbólico que nos debería llevar a hacer una pausa y pensar en lo que hemos estado haciendo y hacia dónde vamos", sostuvo Ralph Keeling, el investigador que dirige el reputado observatorio en el volcán hawaiano, donde él mismo empezó las mediciones con su padre en 1958.
Las concentraciones muy elevadas de dióxido de carbono pueden dañar la respiración y causar excitación, seguida por depresión del sistema nervioso central. También pueden pueden desplazar oxígeno en el aire, restándole así una buena dosis de calidad a la respiración.