El papa Francisco se ha mostrado en sus primeras horas de pontificado como austero, sencillo y -dicho en buen argentino- "jodón".
Así fue el principio de su papado. Al ser presentado esbozó una sonrisa en el balcón ante los miles de fieles que se agolparon en la Plaza de San Pedro y les dijo: "Me fueron a buscar al fin del mundo".
A los cardenales que lo votaron les dijo: ""Que Dios los perdone por lo que han hecho".
La austeridad es la señal que con más fuerza ha impactado en el mundo. Y hoy llegó al templo en un coche oficial, pero no el que lleva la patente SCV 1, reservado al Papa, sino en otro común, el SCV 3578. Además, ingresó a la basílica por una puerta lateral para evitar al grupo de fieles curiosos, fotógrafos y periodistas que lo esperaban.
Poco después, el pontífice se trasladó en colectivo al hotel de los religiosos, el Domus Internationalis Paulus VI, donde se había hospedado antes del cónclave. Allí pagó su hospedaje, a pesar de que como sumo sacerdote no está obligado a hacerlo. "Quería ir a buscar su equipaje y sus bolsas. Había dejado todo allí. Saludó a todos y decidió pagar la cuenta de la porque estaba preocupado por dar un buen ejemplo de lo que sacerdotes y obispos deberían hacer", expreso un vocero del vaticano.
Por la tarde, Bergoglio ofició su primera misa como sumo pontífice en la Capilla Sixtina, junto a todos los cardenales, a quienes les pidió que sean "irreprochables", como "Dios solicitó a Abraham". Luego reclamó a la institución que no olvide sus raíces y la figura de Jesucristo, ya que de otro modo, podrá ser "una ONG piadosa, pero no la Iglesia".
El buen humor fortalece su templanza, dicen.