Cosecha propia
Inmediatamente me enteré de la noticia me imaginé a Cristina Fernández besando la mano de Francisco I, es decir Jorge Bergoglio.
La presidenta tendrá ese momento y seguramente sabrá manejar sus pensamientos y sus emociones frente al Sumo Pontífice nacido en Argentina.
Entonces es necesario recordar que en julio de 2010 cuando mandaba Néstor Kirchner, se pudo saber que el verdadero motor político que empujaba la ley de matrimonio igualitario era una pelea de fondo -política e ideológica- entre el mismo Kirchner y el entonces arzobispo de Buenos Aires.
Todo aquello salió a la luz por la presión que tuvo que soportar el senador nacional por Mendoza Adolfo Bermejo quien se negó a votar a favor del proyecto K. Fue la excomunión kirchnerista de Bermejo.
La misma suerte le cupo a la entonces diputada Patricia Fadel quien en aquel momento también se desempeñaba como secretaria legislativa. Fadel tenía más responsabilidad porque manejaba la agenda parlamentaria por lo que el escarmiento fue más violento.
Para colmo según se supo el mismo Kirchner la acusó a Fadel de hacer campaña en contra de la ley que cambió el escenario social argentino. Fadel, ahora directora del Banco Nación, aunque sintió el frío K durante un tiempo ya que aspiraba a ser reelecta pero aquel episodio la dejó fuera de pista. Fue el destierro del Fadel del Congreso.
El 7 de julio de 2010 dijimos: “Lo interesante son las motivaciones políticas del ex presidente. Aseguran los informantes parlamentarios que en esas reuniones reservadas Kirchner reveló sus propósitos: “Su idea es hacerle sentir el poder político a (Jorge) Bergoglio”, confesaron ayer durante la mañana. Es conocido en estos ámbitos el encono de Kirchner contra el arzobispo de Buenos Aires. “Va a pagar cada una de las que nos ha hecho”, es la frase que le adjudican a Kirchner en relación a Bergoglio”.
El nuevo papa, en aquel entonces como miembro y presidente la Conferencia Episcopal Argentina, y a la vez era integrante del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), se mostraba como un fuerte escollo al kirchnerismo. En contrapartida, desde el poder K, se lo señalaba por su pasado vinculado con la última dictadura militar.
Para aquella fecha histórica Bergoglio no se privó de dar su impresión sobre ese hito institucional. El papable asomó la cabeza a través del Boletín Ecleciástico de Buenos Aires. Y apuntó sobre la ley en discusión: "No se trata de un mero proyecto legislativo —es sólo el instrumento— sino de una 'movida' del padre de la mentira que pretende confundir y engañar a los hijos de Dios".
El "padre de la mentira" es, en términos religiosos, el demonio y en términos políticos, para el nuevo papa, era el mismo Kirchner.
En síntesis, casi tres años después de aquella guerra, Cristina Fernández deberá besarle la mano a Jorge Bergoglio aunque para el mundo sea Francisco I.