Dossier: la desigualdad mata el "american dream"

Una serie de artículos de Esglobal.org dan cuenta de la crisis interna de EEUU. A ellos se suma la especulación rusa: ¿guerra civil en EEUU?

Una serie de artículos elaborados por periodistas convocados por el prestigioso portal Esglobal.org, ponen la lupa sobre las desigualdades económicas dentro de los Estados Unidos.

El portal, que anteriormente era la versión en español de Foreign Policy, ofrece informes que dan cuenta de la crisis interna.

Bajo esa misma perspectiva, la agencia de noticias rusas RT (Russia Today) plantea hoy, en modo de incógnita, la posibilidad de una "guerra civil". Aquí reproducimos primero este artículo y luego los de Esglobal.org.

Los indicios que muestran que la Casa Blanca teme una guerra civil en EEUU

Por Russia Today

Cada día crece el descontento popular en EEUU por la crisis y las guerras. Algunos politólogos denuncian que Washington está preparándose para introducir medidas de emergencia contra cualquier desarrollo de los acontecimientos en el país.   

El 1 de octubre EEUU entró en un nuevo año fiscal sin presupuesto estatal y con la deuda pública máxima de toda la historia del país. El secretario de Defensa de EE.UU., Chuck Hagel, constató a principios de octubre que "muchos en el país están en contra de las autoridades y contra todo lo que pasa". Confesó que los estadounidenses pierden la confianza en las instituciones de poder por la guerra más larga de la historia [la guerra en Afganistán que dura ya 12 años] y la crisis financiera más aguda desde la época de la Gran Depresión.

Según el analista político Nikolái Malishevski, "al parecer, Washington está preparándose para introducir medidas de emergencia en relación con cualquier desarrollo de los acontecimientos. Y además no hay que olvidar sobre la llamada del líder del Ku Klux Klan, Richard Preston, a los estadounidenses "a unirse en una guerra civil contra Barack Obama" y sus seguidores, y hacerlo en octubre cuando se celebra el 150 aniversario de la batalla decisiva en la Guerra Civil en EEUU".

En cualquier caso, según el experto, hay evidentes señales de tensión creciente en la sociedad estadounidense. Las unidades marinas se trasladan rápidamente desde Afganistán a EEUU y se entrenan para combatir en el entorno urbano.

"Desde el 10 de septiembre han cambiado los ejercicios previstos anteriormente. Todos los ejercicios planeados para septiembre han sido aplazados hasta octubre. Además, han prohibido a todo el personal militar del Ejército de EEUU, que está de vacaciones, salir del país entre el 28 de septiembre y el 5 de noviembre", cuenta Malishevski.

Antes del 28 de septiembre han finalizado los cursos de tiro (con escopetas y rifles AR-15), y el manejo de cuchillos para decenas de miles de empleados del Departamento de Seguridad Nacional (Department of Homeland Security, DHS). Antes del 1 de octubre, el Departamento recibió para usar en las calles de la ciudad 2.717 vehículos blindados antiminas con armas de fuego, producidos por Navistar Defense.

El 30 de septiembre terminaron los cursos que enseñaron a los soldados de la Guardia Nacional de EEUU a apaciguar los disturbios y situaciones de emergencia. Desde el 25 de septiembre, EEUU comenzó a probar diariamente un sistema de alerta de emergencias. El 29 de septiembre se puso en marcha una prueba simultánea de los satélites de comunicaciones y GPS. "Nunca antes estos eventos coincidieron en el tiempo", comenta el analista político Nikolái Malishevski.

"Todos estos preparativos indican que EEUU se enfrenta a unos problemas internos muy serios. En este tipo de situaciones siempre hay una fuerte tentación […] de desviar la atención de EEUU y del mundo hacia otro 'objeto'", resume el politólogo. "El plan de EEUU podría basarse, por ejemplo, en un posible ataque contra Siria que involucraría a Irán en esta guerra, provocaría ataques contra Israel y la guerra inevitablemente le daría otro carácter a los problemas financieros de EEUU", sostiene el experto.

¿Ha matado la desigualdad al "sueño americano"?

Por Mario Saavedra, Esglobal.org

Bill O’Reilly, el presentador y comentarista mejor pagado de la cadena de televisión conservadora Fox News, casi saltaba del asiento de la indignación. Hablaba sobre los presuntos pobres estadounidenses, insistiendo en que en realidad la mayoría tiene televisión, cable, nevera o teléfono móvil. Aproximadamente, en esa misma época al candidato republicano a la Casa Blanca, Mitt Romney, le pillaron con una cámara oculta hablando ante un grupo de empresarios sobre el 47% de la población estadounidense más pobre, que no paga cierto tipo de impuestos, a la que describía como “takers”, gente que vive de subsidios y se aprovecha del sistema.

¿Son realmente pobres los estadounidenses sin recursos? La pregunta no es sólo retórica, sino que se sitúa en el centro del debate sobre la desigualdad creciente en Estados Unidos. “Podríamos admitir que los pobres estadounidenses son cada vez más felices; pero también es cierto que cada vez hay más”, explica Tyler Cowen, reputado economista y autor del libro Average is Over (Penguin, 2013) sobre la desaparición de la clase media estadounidense, la desigualdad y la falta de porosidad entre clases sociales.

Podría pensarse que una sociedad puede ser muy desigual, pero con una economía boyante al mismo tiempo. La Historia muestra que tiende a ser más bien al contrario. La desigualdad ha crecido rápidamente justo antes de las explosiones de las crisis económicas más fuertes en este país. En 1928, el 1% más rico obtenía el 24% de los ingresos totales en EE UU, frente al 15% de principios de la misma década. La cifra cayó por debajo del 15% durante el boom americano, en las décadas de los 50 y 60. Tras tocar su mínimo en los 70, volvió a crecer hasta por encima del 22% en los años previos a la caída de Lehman Brothers, todo según datos oficiales recopilados por Inequality.org.

Hoy el 1% de los más ricos posee casi el 20% del total de ingresos de los hogares del país, si se tienen en cuenta las declaraciones de la renta, según un estudio de Emmanuel Saez de la Universidad de California. Nunca ha habido tanta diferencia entre los más ricos y los más pobres. Y es más: el 95% de las ganancias del capital de los últimos años, en las postrimerías de la crisis, ha ido a parar a ese 1% más adinerado.

Mientras, las personas que viven en condiciones de extrema pobreza en Estados Unidos se cuentan por millones: 1,6 millones de hogares subsisten con menos de 2 dólares al día, lo que incluye más de 3,5 millones de niños, según un estudio de Kathryn Edin y Luke Shaefer (Universidades de Harvard y Michigan) citado por el diario Washington Post. Estos pobres viven gracias a la red de protección social creada por el Gobierno: cupones de comida (que reciben unos 40 millones de estadounidenses), subsidios para vivienda, bonos fiscales conocidos como Earned Income Tax Credit o el Child Tax Credit, etcétera. Si se incluyen estos ingresos en las cuentas familiares, el número de hogares que viven en la extrema pobreza se reduce a unos 600.000. Menor, pero aún difícil de digerir si se tiene en cuenta que Estados Unidos es el país con mayor producción de riqueza anual de todo el mundo.

Un caso emblemático es el de la ciudad de Nueva York. En la pequeña isla de Manhattan viven personajes multimillonarios (banqueros, consejeros delegados de empresas, actores famosos) en el Upper East Side, un barrio a unas decenas de bloques de distancia del Bronx sur, epítome de la miseria en la capital financiera del mundo. En 2011, un 46% de los neoyorquinos eran pobres o casi pobres. En esa categoría entran los ciudadanos que ganan menos del 150% del Límite Federal de la Pobreza (FPL en sus siglas en inglés), fijado en 23.000 dólares (17.000 euros) anuales para una familia de cuatro miembros. “Es cierto que los desfavorecidos tienen cosas que antes no tenían, pero no pueden permitirse cosas tan básicas como la educación, la vivienda o la sanidad. Por eso los pobres de California o Nueva York se están marchando a lugares como Texas, donde el coste de la vida es más barato”, explica Cowen.

Pero la desigualdad no aumenta tan sólo en Estados Unidos. Es un efecto global, en particular en China y en Europa, según Cowen. Una de las preguntas clave en estos momentos es si este aumento puede tener algo que ver con la crisis y si será pasajero. “La recesión actual no es la causa, sino la mensajera de un sistema insostenible”, asegura el autor. Y no se trata de izquierdas o de derechas, de modelo económico socialdemócrata o capitalista. El fondo del asunto estaría en el hecho de que vivimos en una época de reconversión por la automatización, la tecnologización y la especialización en los trabajos. Justo en medio de ese cambio irrumpió la crisis, lo que ha hecho que el ajuste, que en épocas de bonanza sería relativamente corto, vaya a durar varias décadas.

"La gente sin trabajo va a tardar tiempo en recolocarse porque la economía va lenta. En los 70, una crisis como esta habría durado menos, porque la economía iba más rápido y los trabajos eran menos especializados. Ahora la economía va mal y adquirir cualificación para un nuevo puesto es más complicado porque está más profesionalizado”, opina Cowen.

De la mano de la precariedad laboral llega la caída de la clase media. El “sueño americano” es una mezcla de modo de vida (casa en propiedad, coche, familia) y virtud social por la cual cualquiera que trabaje duro y tenga valía personal puede llegar a conseguir lo que se proponga. Es lo que se conoce como elasticidad o movilidad socioeconómica, medida como las posibilidades que tiene una persona nacida en un percentil determinado de la escala socioeconómica para terminar subiendo al menos un peldaño. Los países en los que hay menos pobreza coinciden con los que tienen mayor porosidad. De nueve de los más ricos de Occidente, Estados Unidos quedaba el último de la lista, por detrás de Dinamarca, Noruega, Finlandia, Canadá, Suecia, Alemania, Francia y Reino Unido, según Economic Mobility Project en 2006.

Si dividimos la sociedad estadounidense en cinco partes en función de los ingresos de la población, en los últimos 30 años el 20% que más gana ha doblado sus ingresos, mientras que estos sólo han aumentado un 35% para el segundo quintil, un 25% para el tercero y el cuarto y un 16% para el último. El promedio de lo que gana un consejero delegado de una empresa de las que cotizan en el SP500 es de 354 veces lo que gana de media uno de sus empleados, una cifra que ha subido desde las 281 veces de 2002 y las 42 en 1982, según datos recopilados por AFL-CIO. “No hay que preocuparse de la desigualdad, sino de crear una economía que genere empleos”, comentaba recientemente un empresario que prefería no ser identificado. “Los mejores deben ser recompensados mejor; intentar crear una sociedad igualitaria sabemos que está destinado al fracaso”.

Una de las teorías para explicar la falta de crecimiento actual, defendida entre otros por el Nobel de Economía Joseph Stiglitz, es que una clase media menguante no puede mantener engrasada la maquinaria económica estadounidense. Al verse constreñida, la gran masa de consumidores deja de comprar y la economía se seca. Un millonario puede comprar tres o cuatro casas y 10.000 millonarios pueden comprar 30.000 o 40.000 casas. Pero para que la economía de Estados Unidos se encuentre saneada, se han de vender del orden de un millón de casas nuevas anuales. Es necesaria una clase media amplia y, por tanto, reducir la desigualdad para que se reactive el consumo, que supone 2/3 de la economía del gigante americano. “Con la desigualdad en sus máximos desde la Gran Depresión”, escribía Stiglitz “una recuperación robusta es dificil a corto plazo y el “sueño americano” – una buena vida a cambio de trabajo duro- muere lentamente”.

Una serie de artículos de Esglobal.org sobre el tema, haciendo clic aquí.