Según el informe publicado en el diario, El País; Uruguay es un país de contrastes. Es un país pequeño y tranquilo pero a la vez ha sido un país pionero a lo largo de su historia. Fue el primero en América Latina en aprobar la jornada laboral de 8 horas, el voto de las mujeres y el divorcio.
Este año con su presidente José Mujica, el país marcó varios hitos al despenalizar el aborto, autorizar el matrimonio homosexual y está a un paso de lograr otro más con la legalización de la marihuana. El mundo entero mira ahora al país suramericano preguntándose si se convertirá en una suerte de “Ámsterdam de América Latina”. Los expertos aseguran que los mecanismos de regulación y la idiosincrasia del pueblo uruguayo no lo permitirán.
“Es difícil pensar que Montevideo se vaya a convertir en el Ámsterdam de América del Sur”, considera el sociólogo Sebastián Valdomir, miembro de la plataforma Regulación Responsable.
Vale aclarar que los extranjeros no van a tener acceso a los puntos de venta legal puesto que necesitan una tarjeta de consumidor de cannabis que será expedida por el Gobierno a los ciudadanos uruguayos que lo soliciten. Además, la ley antitabaco impide fumar en espacios públicos cerrados, con lo que según el sociólogo no hay comparación. “No va a ser entrar a un sitio a tomar un jugo, un agua y consumir marihuana”.
El peso que tendrá el Estado dentro de este plan lo hace singular puesto que será el Gobierno el que conceda licencias de producción, autorice los puntos de venta en los que los usuarios previamente registrados podrán comprar y llevará un estricto control de los clubes de cultivo en los que podrán participar hasta 45 socios con un máximo de cultivo de 99 plantas.
En Uruguay, a diferencia de la mayor parte de América Latina, el mercado de la marihuana representa casi el 80 % del total de las drogas y un negocio de unos 30 millones de dólares, según la Junta Nacional de Drogas. Es legal tener pequeñas cantidades de marihuana para el consumo propio, pero no está permitido su comercio ni su producción por lo que, según los defensores de esta ley -que fue aprobada en la Cámara de Diputados y está a la espera de ser ratificada en el Senado-, se incurría en una incongruencia que llevaba a “desplazarse fuera del límite de lo legal” a quienes quisieran conseguir marihuana para uso recreativo o medicinal, destacó el diario Español.
El presidente Mujica aseguró: “Lo que intentamos hacer en Uruguay no es un viva la Pepa”. El Estado quiere controlar la cantidad, la calidad y el precio y se plantea vender el gramo de marihuana legal a un dólar.
Según las cifras de la Junta Nacional de Drogas, 120.000 uruguayos consumen marihuana al menos una vez al año, 75.000 una o dos veces en el mes y 20.000 a diario. Además, en la capital, Montevideo, uno de cada tres jóvenes montevideanos consume.
Las críticas de la oposición se han centrado en la adicción y han cuestionado si habrá presupuesto para dotar el Instituto de Regulación y Control del Cannabis (IRCCA) que se crea para controlar que se cumplan las normas.
El politólogo uruguayo Matías Ponce considera que la norma, en la práctica, no va a acarrear grandes cambios. Ponce destaca el “civismo” del ciudadano uruguayo y la “fuerte presencia” del Estado, aunque está por ver “la capacidad de supervisar”.
No cree que vaya a ser un reclamo turístico porque “la marihuana en toda América Latina se consigue muy fácil” y en alusión a la teoría del intelectual uruguayo Carlos Real de Azúa, recordó que Uruguay “es un país donde se pueden plantear grandes ideas, donde hay gente y partidos dispuestos a llevar esas grandes ideas, pero siempre es un país de una sociedad amortiguadora, todo en algún momento se frena”.