Si el Congreso de Estados Unidos no se apura y aprueba un aumento del techo de la deuda antes del plazo límite de mediados de mes, el país y hasta el mundo podrían verse arrastrados a una crisis similar o incluso peor que la de 2008, advirtió hoy el secretario del Tesoro norteamericano, Jack Lew.
"Posponer el aumento del techo de la deuda hasta el último minuto es exactamente lo que nuestra economía no necesita, una herida autoinflingida que dañará a familias y negocios", dijo Lew.
Su advertencia llegó en el tercer día en que el gobierno federal tuvo que permanecer cerrado en vista de la incapacidad de republicanos y demócratas en el Congreso de lograr un acuerdo que desbloquee el impasse político. Un bloqueo que podría agravarse más aún si la crisis se extiende hasta el momento, ya casi inminente, en que haya que negociar un nuevo techo de la deuda antes de que el Tesoro se quede sin fondos para afrontar sus obligaciones, en dos semanas.
Lew no fue el único en lanzar hoy serias alarmas: también la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, urgió a Washington a resolver "lo antes posible" la crisis política por sus graves implicaciones internacionales.
"El cierre del gobierno es ya de por sí malo, pero un fracaso a la hora de elevar el techo de la deuda sería mucho peor y podría dañar gravemente no sólo la economía estadounidense, sino toda la economía global", afirmó Lagarde durante su tradicional discurso previo a la reunión anual del FMI y el Banco Mundial, la semana próxima.
Menos de 24 horas después del fracaso de la reunión con los líderes parlamentarios que organizó en la Casa Blanca, el presidente, Barack Obama, también volvió a insistir en que el tiempo apremia.
"Cuanto más tiempo dure esto, tanto peor será y no tiene sentido", dijo Obama durante una visita a una compañía de construcción en un suburbio de Washington.
Según el informe del Departamento del Tesoro sobre el "Efecto potencial de una política arriesgada ante el techo de la deuda", un "default" por un fracaso a la hora de elevar el techo de la deuda "tiene el potencial de ser catastrófico".
Entre las consecuencias posibles: la congelación de los mercados crediticios y una "caída en picado" del dólar mientras que las tasas de interés estadounidenses se "dispararían", lo que "potencialmente resultaría en una crisis financiera y recesión que podría repetir los acontecimientos de 2008 o peor", señala el informe.
Unos efectos, además, que tendrían un alcance mucho más allá de las fronteras estadounidenses: dado que el dólar y sus bonos del Tesoro están en el "núcleo" del sistema financiero internacional, "en el caso catastrófico de que un impasse en el límite de la deuda llevara a un default, los mercados financieros se verían sacudidos hasta la médula, como sucedió a finales de 2008, lo que resultó en una recesión peor que ninguna otra desde la Gran Depresión".
La advertencia del Departamento del Tesoro pone más presión aún a un Congreso estadounidense en pleno impasse por la disputa presupuestaria -con el trasfondo de la pelea por la reforma sanitaria de Obama- que ha llevado al país a iniciar hoy su tercer día de cierre administrativo del gobierno.
Cientos de miles de funcionarios siguieron hoy sin poder acudir a su puesto de trabajo -y sin recibir su salario- mientras monumentos, parques y hasta servicios clave del país permanecían cerrados por tercera jornada, en tanto crece la indignación por el impasse en el Capitolio.
Pese a ello, públicamente la retórica no varió hoy. Sin embargo, algunos dijeron vislumbrar algún punto de esperanza después de que medios como "The Washington Post" reportaran que el presidente de la Cámara de Representantes, el republicano John Boehner, habría afirmado a puertas cerradas que no permitirá que el país caiga en impago a mediados de mes.
Según el rotativo, que cita a fuentes próximas al líder republicano, éste habría dicho a sus colegas que en caso necesario se apoyará en los votos demócratas para elevar el techo de la deuda.
Influyentes demócratas como el senador por Nueva York Chuck Schumer aprovecharon rápidamente para forzar una salida a la crisis.
"Esto podría ser el comienzo de un avance significativo", dijo Schumer en una declaración a los medios. "Acercarse al borde del default es algo muy peligroso y arreglar este asunto con tiempo antes de la fecha límite le permitiría a todo el país lanzar un gran suspiro de alivio", agregó.
En el trasfondo de la disputa está el intento republicano, impulsado por un sector minoritario pero muy poderoso en las bases del partido, el ultraconservador Tea Party, de obligar al gobierno de Obama a ceder y hacer alguna concesión, aunque sea ya sólo un retraso en su implementación, en la reforma sanitaria aprobada durante su primer mandato.
Algo a lo que los demócratas se niegan en redondo, afirmando que no sólo es una ley refrendada una y otra vez -por las urnas y hasta por la Corte Suprema-, sino que, si ceden ahora ello se podría convertir en un elemento de constante chantaje político cuando aún les quedan varios años de gobierno y muchas negociaciones pendientes.