Cameron busca salidas a su propia trampa en la UE

El primer ministro -cuyo débil liderazgo critica no sólo la oposición laborista- cedió hasta ahora siempre a la presión de los “eurocríticos”.

Foto: AP
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El primer ministro británico, David Cameron, cede desde hace meses a las posturas de los eurocríticos, tanto para mantener la calma en las filas de su partido como para conservar a los electores. El margen para evitar una salida de la Unión Europea (UE) se vuelve en consecuencia cada vez más estrecho. El premier conservador intentará aclarar su postura en un discurso que pronunciará este viernes en Holanda.

La palabra "salida" pende como una espada de Damocles sobre todos los debates de política europea en Reino Unido.

La tercera economía de la UE ha amenazado abiertamente con su salida de la UE: Cameron reclama "cambios fundamentales" en la unión y su ministro de Finanzas, George Osborne, ha puesto condiciones a la permanencia del país.

Y es que la vieja democracia británica no está tampoco a salvo de intrigas. Presiones dentro de la coalición, intento por mantener a los votantes, viejas cuentas pendientes... este es el escenario en medio del cual Cameron busca una salida. El mandatario británico ha escogido a Europa, el denominador común de todos los grupos de interés, como cabeza de turco. Pero su margen de maniobra es mínimo.

La cuestión europea es tremendamente complicada en el seno del partido conservador británico. A John Major ya le costó el puesto de primer ministro. Y a Margaret Tatcher le trajo poco más que su sobrenombre, "la dama de hierro", acuñado al albor de su firme retórica antieuropea y su conocido reclamo: "Quiero me devuelvan mi dinero". Así, no extraña que Cameron posponga desde hace medio año un discurso anunciado hace tiempo. Y que lo vaya a pronunciar en Holanda.

El ala más conservadora del propio partido conservador le complica la vida a Cameron desde hace meses. Da igual si se trata del matrimonio homosexual o de la reforma de la Cámara de los Lores: la oposición interna caldea el ambiente en contra de Cameron sea cual sea el tema.

El primer ministro -cuyo débil liderazgo critica no sólo la oposición laborista- cedió hasta ahora siempre a la presión, aunque muy a pesar del ala europeísta de su partido y del viceprimer ministro y socio de coalición, el liberal Nick Clegg, también cercano a la UE.

El sector más conservador del partido tory ha reclamado un referéndum sobre la relación de Reino Unido con la UE. Todo apunta a que la consulta popular se llevará a cabo, pero no antes de las próximas elecciones parlamentarias, en 2015. Y además, Cameron no quiere incluir en la votación la pregunta clave: "in or out", "dentro o fuera". En lugar de eso, pretende preguntar a la población si Reino Unido debería gozar de una mayor libertad en el seno de la UE.

La respuesta de los británicos a esa pregunta será probablemente un rotundo "sí". Igual de claro parece que la UE no podrá ceder y renegociar tratados para que Reino Unido logre una posición especial entre los 27.

Diplomáticos extranjeros en Londres hablan de una "autotrampa" en Reino Unido. Para el líder de los laboristas, Ed Miliband, Cameron "deambula en dirección a una salida de la UE". Y además de sus socios europeos, también Estados Unidos da señales de advertencia a Londres.

Para la mayor parte de los expertos, la salida de la UE supondría una catástrofe para la ya de por sí maltrecha economía británica, que no consigue llegar a superar el nivel alcanzado en 2007. Incluso Cameron y su ministro de Finanzas reconocen que la fuerte orientación a los servicios financieros se ha convertido en un inconveniente. La City londinense cae incesantemente, un efecto que el resto de la economía no logra contrarrestar.

Importantes cadenas de comercios, como recientemente HMV, especializada en la venta de música, se declararon insolventes, mientras que el sector público tuvo que despedir a miles de personas para cumplir con los criterios de ahorro de Westminster.

Los empresarios coinciden en que una salida de la UE supondría un nuevo lastre para la economía británica, y Cameron y los euroescépticos tampoco quieren abandonar el mercado común europeo. Lo que no soportan es la burocracia procedente de Bruselas, con sus directrices sobre los límites de la jornada laboral o su jurisprudencia, y mucho menos las aportaciones netas al presupuesto europeo, sobre las que se volverá a negociar en febrero.

Entretanto, según un funcionario, en Bruselas se va abriendo paso cada vez más una nueva postura: la de dejar que Reino Unido se vaya si así lo quiere.



Fuente: Michael Donhauser, Dpa.