Cuando presentó su plan de seis puntos para Siria en marzo, Kofi Annan lo calificó de "misión imposible". Entre bastidores y con menos diplomacia, otros hablaron de un aborto para referirse a la tarea del enviado especial de Naciones Unidas y la Liga Árabe para Siria. Y declararon muerto el plan una y otra vez tras cada nueva masacre o escalada dramática del conflicto.
Annan tiró finalmente la toalla el jueves. El régimen y la oposición sirios expresaron rápidamente su pesar, con mayor o menor hipocresía. El error del plan de paz desde su nacimiento fue que en realidad llegó muy tarde. En marzo, prácticamente nadie creía en Siria en la viabilidad de un proceso de paz.
La situación está demasiado enquistada y se ha derramado demasiada sangre. Y, sobre todo, ambas partes están convencidas de que pueden ganar el conflicto por la vía militar.
El régimen de Bashar al Assad sigue contando con una temible superioridad militar. Pero la oposición armada se siente moralmente superior y no teme a su enemigo. Ambas partes pueden perder todo en caso de derrota.
La situación, sin embargo, no debería haber llegado a ese punto. El terreno se preparó durante varios meses antes de que Kofi Annan entrara en escena. La dinámica de la "primavera árabe" alcanzó en marzo de 2011 a Túnez, Egipto y Libia antes de llegar a Siria en la costa mediterránea. La gente salía entonces a las calles a pedir reformas políticas de forma pacífica.
Bashar al Assad reaccionó sin embargo con arrogancia y cinismo. El mandatario prometió reformas insignificantes y mandó a golpear a los manifestantes, antes de dar la orden de juego.
Los soldados y los oficiales que no querían ser parte de la represión empezaron a desertar y ahora pertenecen al Ejército Libre de Siria.
El régimen de Assad es un antiguo aliado de Teherán y recibe de los iraníes un apoyo vital. Aunque la familia de Assad pertenece a la minoría chiíta de los alauitas, el padre del actual presidente sirio forjó la alianza con Irán no necesariamente por motivos religiosos. Fueron más bien sus diferencias con el ex dictador iraquí Saddam Hussein lo que lo llevó a ponerse del lado de Teherán durante la guerra entre Irán e Irak.
Arabia Saudí, que libra con Irán una especie de "guerra fría" con Irán por el liderazgo en la zona del golfo, apoya al Ejército Libre de Siria con armas y dinero. Y el emirato de Qatar, donde los Hermanos Musulmanes tienen una importante influencia, también apoya a los rebeldes de forma similar.
La ayuda va dirigida casi exclusivamente a los Hermanos Musulmanes sirios, que serían probablemente los mayores beneficiarios de un cambio de régimen. Con sus "petrodólares", los financieros del golfo apoyan además a diversos grupos yidahistas y afines a la red terrorista Al Qaeda, que buscan convertirse en "mártires" en Siria.
La Turquía del islámico moderado Recep Tayyip Erdogan decidió por su parte cambiar de bando. Antes de la revuelta, Erdogan calificaba a Assad como "amigo". Pero a medida que la represión se fue volviendo más sangrienta, al líder turco le fue imposible conciliar esa posición con sus simpatías por la primavera árabe.
Turquía acoge actualmente a decenas de miles de refugiados sirios, y el Ejército Libre de Siria puede utilizar las regiones fronterizas entre ambos países como zona de retirada y de reclutamiento.
El apoyo de Rusia y China para Assad causó finalmente el bloqueo de las iniciativas para Siria en el Consejo de Seguridad de la ONU, uno de los motivos que Annan mencionó para su dimisión. La realidad es que la cúpula de Damasco no parecía dispuesta a moverse un milímetro a favor del plan de Annan sin que existiera una amenaza de sanciones internacionales.
En consecuencia, la iniciativa para retirar el armamento pesado de ciudades y zonas residenciales, tal como se exigía en el plan de seis puntos de Annan, se convirtió en letra muerta. La esperanza de paz demostró ser una ilusión.
El plan de Annan para Siria, una"misión imposible"
El régimen de Bashar al Assad sigue contando con una temible superioridad militar. Pero la oposición armada se siente moralmente superior y no teme a su enemigo. Ambas partes pueden perder todo en caso de derrota.