La física es una ciencia experimental: solo acepta como un hecho científico aquello que es medible y reproducible experimentalmente. La historia de la ciencia, sin embargo, ha denigrado la práctica experimental durante mucho tiempo. Afortunadamente, esa tendencia ha sufrido un cambio desde los años 1980 y hoy son numerosos los autores que se interesan en la práctica científica, insistiendo en su autonomía y en su dinámica y lógica de conocimiento propias.
Preguntas del tipo: ¿Cómo se desarrolla el trabajo cotidiano de un investigador en física? ¿De qué manera se toman las decisiones en los laboratorios de investigación? ¿Cómo se elige entre diferentes líneas de investigación posibles? ¿Cómo se termina un experimento? ¿Cuál es el proceso que lleva a grupos experimentales compuestos de numerosos investigadores a anunciar un descubrimiento o, al contrario, a detener el experimento y cambiar de proyecto? ¿En qué medida se toman tales decisiones con base en criterios puramente científicos?... pueden así encontrar respuesta a través de un análisis histórico-sociológico de la práctica experimental.
Otros historiadores se han interesado más por cuestiones de carácter epistemológico, intentando identificar las estrategias adoptadas por los científicos para convencerse de la validez de sus resultados y poder defenderlos ante sus iguales. ¿Cuál es, entonces, el proceso que lleva al experimentador a interpretar sus resultados, a darles cierta validez y a establecer un consenso en cuanto a su verdadera significación? Pregunta de plena actualidad después del anuncio, el pasado 4 de julio, del descubrimiento en el CERN de una nueva partícula.
Leé el artículo completo de Araceli Varela Sánchez en SinPermiso.info desde aquí.