Por más de un siglo, Bunce, una pequeña isla en la costa de Sierra Leona, fue el centro de negocios truculentos.
Hombres, mujeres y niños que habían sido secuestrados o vendidos de sus casas eran apiñados dentro del fuerte de piedra de la isla, encadenados y recluidos en corrales como animales.
Después de una espera de semanas o meses, eran obligados a subir a un barco, anclado en el puerto de piedra de la misma isla.
Aquellos que sobrevivían al viaje de 10 semanas a través del Atlántico se encontraban en un mundo completamente nuevo: las plantaciones de arroz de las colonias americanas.
Eso fue hace más de 200 años. Hoy el viejo fuerte se está desmoronando, y muy pocas personas fuera de Sierra Leona saben que existe.
Pero un comprometido grupo de historiadores, arquéologos y ciudadanos preocupados se han propuesto preservar lo que queda de Bunce.
Para ello, quieren construir un museo sobre la isla en la capital de Sierra Leona, Freetown, y ofrecer visitas guiadas al fuerte para ayudar a comprender su importancia histórica.
El objetivo es ayudar a los afroamericanos a reconectarse con sus antepasados perdidos en Sierra Leona.
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