Pakistán y Bin Laden: un año de misterio e improbables rumores

Sentado en una piedra al borde de su campo de ajo, junto a otros ancianos de Abbottabad, a Zain Mohamad le gustaría que dejen de llamarlo "el vecino de Bin Laden", apodo que lo persigue desde mayo del año pasado, tras el ataque estadounidense que acabó, a unos metros de su casa, con el jefe de Al Qaida.

Un año después de la muerte de Osama Bin Laden, su presencia en el norte del país sigue rodeada de un espeso misterio en Pakistán, donde el silencio incómodo de las autoridades permite que afloren las tesis más descabelladas sobre su "verdadera" historia.

Sentado en una piedra al borde de su campo de ajo, junto a otros ancianos de Abbottabad, a Zain Mohamad le gustaría que dejen de llamarlo "el vecino de Bin Laden", apodo que lo persigue desde mayo del año pasado, tras el ataque estadounidense que acabó, a unos metros de su casa, con el jefe de Al Qaida.

No por cansancio, sino por amor a la verdad, afirma el hombre vestido de la larga túnica tradicional beige, quien, como casi todos los habitantes de esta localidad al pie de las estribaciones del Himalaya, no cree "que Bin Laden estuviera allí". Pese al ataque, los disparos, y la presencia de su familia.

"Bin Laden no estaba allí. Su familia, tal vez, pero no él. Todo eso es un tinglado de los estadounidenses y del ejército paquistaní, dispuesto a todo por seguir recibiendo su dinero", afirma Aurangzeb, 37 años, director de una escuela del barrio, resumiendo la tesis que defienden todos los vecinos.

"Todos repiten esto, pero es para no decir que tienen vergüenza", explica un periodista local, "la vergüenza de ver que Bin Laden se escondía en su tierra, al tiempo que los aliados de Al Qaida mataban a miles de personas con sus ataques suicidas en el país".

La mañana del 2 de mayo, la misma vergüenza, acompañada de miedo, fue sentida en la cúpula del poderoso ejército pakistaní (700.000 hombres), dice una fuente cercana a los servicios de seguridad, asegurando que ésta, según ha afirmado siempre, no estaba al corriente de la presencia de Bin Laden en Abbottabad, una tesis que muchos no aceptan en Washington.

"Los jefes militares tuvieron miedo al darse cuenta de que no podían saber si algunos de sus elementos, allegados a los islamistas, habían estado ayudando a Bin Laden a esconderse", dijo.

Una señal de la gravedad del caso fue que el jefe de la inteligencia militar, el general Shuja Pasha, hiciera un mea culpa impensable, a mediados de mayo, en el Parlamento, ante el cual confesó los "fallos" de sus servicios.

El general Pasha no dijo más, dejando caer la lápida del silencio.

El ejército impidió cualquier acceso a la casa en Abbottabad, antes de derruirla repentinamente en febrero pasado. Los estadounidenses decidieron por su lado no publicar ninguna foto del cuerpo de Bin Laden, que dicen haber sepultado en el mar, potenciando a su vez la fábrica de rumores.

Algunos dicen que Bin Laden fue llevado vivo a Abbottabad por los estadounidenses, desde Afganistán, y que fue ejecutado en el lugar para manchar la reputación de Pakistán. Otros dicen que sigue vivo.

El mismo misterio teñido de rumores inverosímiles rodea la suerte de sus tres esposas e hijos, que vivían con él en Abbottabad. Detenidas por los paquistaníes tras el ataque, finalmente, casi un año después, el sábado fueron deportadas a Arabia Saudita sin haber aparecido nunca en público.

En marzo, un ex general paquistaní afirmó que Bin Laden fue "entregado" a los estadounidenses por una de sus primeras mujeres, celosa de otra más joven. A mediados de abril, el diario sensacionalista británico The Sun indica la fuente de su rivalidad: la primera acusaba a la segunda de ser sexualmente insaciable y de acaparar de este modo al jefe de Al Qaida.

Una semana antes de su deportación, un policía que vigilaba la casa donde estaban detenidas afirmó a la AFP que una de las esposas había dado a luz a un hijo de Bin Laden, once meses después de la muerte de su supuesto padre.

¿Se sabrá algún día la verdad sobre lo que hacía Bin Laden en Pakistán y sobre sus cómplices? No es seguro. "Es una gran debilidad del país. Los extremistas rara vez son castigados, los testigos tienen miedo y el gobierno no puede proteger a los jueces", dijo el analista político Talat Masood.

"El mea culpa de Pasha fue un gesto de apaciguamiento dirigido a las élites. En cuanto a la gran mayoría de la población, el ejército prefiere dejar que abunden las teorías de la conspiración y no correr el riesgo de una incómoda transparencia", anota la fuente cercana a los servicios de seguridad.

Un oficial paquistaní reclamó, por su lado, en forma anónima, indulgencia para el ejército, que según él prosigue su investigación.

Poniendo como ejemplo a Francia y el caso Mohammed Merah, el yihadista que en marzo mató a siete personas en el sur del país, indicó que "los servicios de inteligencia franceses estuvieron en contacto con Merah antes de sus crímenes, por lo que no están libres de culpa". "¿Han hecho su mea culpa?", se preguntó.