No es frecuente asociar a la atea China con el cristianismo, pero la comunidad cristiana del país, que está creciendo a toda velocidad, es una voz que se oye cada vez más entre la sociedad del gigante asiático. El año pasado, el Gobierno calculó que la Iglesia tiene alrededor de 25 millones de miembros, pero otros cálculos independientes hablan de entre 60 millones y 130 millones de adherentes. Después de que la religión estuviera prohibida en otro tiempo, hoy la aceptan a regañadientes y, en algunos círculos oficiales, se cree incluso que el cristianismo podría contribuir a la pacificación que necesita una China inquieta.
Varios fieles chinos reciben la eucaristía de un sacerdote mientras asisten a la Misa de Nochebuena en 2010, en una iglesia católica de Wuhan, en la provincia de Hubei, centro de China. Ese año, el papa Benedicto XVI criticó a China por sus medidas para reprimir la religión y la libertad de conciencia en su mensaje de Navidad, un reflejo de las tensas relaciones entre el Vaticano y Pekín. China rompió relaciones con la Santa Sede en 1951, y las iglesias católicas en el país están bajo la supervisión de la Asociación Patriótica Católica de China, dirigida por el Gobierno.
Leé el informe sobre "Curas y oraciones en China" de Foreign Policy, haciendo clic aquí.