En el siglo XIX, el opio era consumido a menudo por sus propiedades anestésicas.
Los cortesanos de la Reina Victoria podían conseguir opio en la botica real. Se cree que la reina tomó goma de mascar de cocaína con el joven Winston Churchill, y también que el primer ministro William Gladstone (que gobernó en varias ocasiones entre 1868 y 1894) tomaba opio en el té o café antes de pronunciar discursos importantes.
El opio, procedente de China era fumado en Reino Unido como droga de ocio. Se generó un mito en torno al mundo de los antros de opio, donde la aristocracia podía encontrar vicio en abundancia.
Así describe Tom de Castella la situación de las drogas en Occidente hace cien años, en un artículo completamente dedicada al centenario del acuerdo originado por EEUU con la idea de combatirlas y que Gran Bretaña, según reseña el autor de la nota de BBC Mundo, "firmó a regañadientes".
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William Márquez: ¿Privatiza Estados Unidos la guerra contra las drogas?
Max Seitz: El "fracaso" de la guerra al narco: una declaración de efecto incierto