La organización Al Qaeda, que se empezó a fraguar en los 80 y quedó más internacionalizada a raíz del cónclave de Jost convocado por Bin Laden para llamar a la yihad global en todo el mundo, ha tenido sus albores hasta sus grandes atentados. Desde entonces, gracias a la especialización, al cerco, a la cooperación internacional en la lucha antiterrorista y al desgaste en sus enclaves más clásicos como Afganistán e Irak, se encuentra en una fase de retracción y de merma de capacidades. Ello no quiere decir que no siga teniendo ocasiones y activos para atentar, pero menos que en su etapa más álgida.
Así como en 2006 en Irak el asesinato de Al Zarqawi y sus lugartenientes extranjeros marcaron la división interna y el declive de la organización en la zona (desde entonces la violencia y los atentados han disminuido notablemente, se ha pasado de contar víctimas en decenas de miles por año a miles), podemos esperar que la de Bin Laden termine de coronar el declive internacional de la banda terrorista que ya estaba en marcha.