Enemigo público número uno de Estados Unidos, Osama bin Laden, fue buscado sin éxito por casi 10 años, antes que se anunciara su muerte este 1 de mayo.
Su riqueza y su fiel red de seguidores hicieron que todos los intentos de captura fueran infructuosos, pese al enorme despliegue militar de Estados Unidos en Afganistán y sus fronteras.
Tras la caída de las Torres Gemelas, el 11 de septiembre de 2001, Bin Laden pasó a ser el terrorista más conocido del mundo y el más buscado el país norteamericano, cargando con una recompensa de US$ 25 millones por parte del FBI y US$ 2 millones por un programa de la asociación de pilotos y transporte aéreo de ese país.
Su cara estaba en todas partes y en ninguna a la vez. Miles de occidentales lo consideran el rostro del mal, mientras en los integristas enciende el fervor y la admiración del fundamentalismo islámico. Un asesino para unos y un héroe para otros.
Hijo de madre siria, con cuatro esposas, cerca de veinte hijos que son constantemente investigados y casi dos metros de altura, Bin Laden combatió en Afganistán durante la ocupación soviética (1979-1988), y aunque su máximo enemigo era Estados unidos, no siempre fue así.
Cientos de páginas documentan el apoyo indirecto que tanto la CIA como el propio Gobierno prestaron a la lucha afgana contra la invasión Soviética porque adhería a sus intereses durante la Guerra Fría. Incluso, algunos van más allá y sostienen que el grupo terrorista liderado por Osama fue financiado y entrenado por la CIA
Seguí leyendo el perfil de Osama en Emol.com