"A pesar de casi diez años de guerra, Al Qaeda hoy es más fuerte que cuando se cometieron los atentados del 11-S", escribe Leah Farrall, uno de los principales especialistas en el terrorismo yihadista, en la revista Foreign Affairs de marzo-abril.
"Porque, desde que dejó Afganistán por las zonas tribales de Pakistán, ha fundado grupos regionales en la Península Arábiga y franquicias en Irak y el Magreb, cuenta con muchos más miembros, tiene un alcance geográfico mayor y ha conseguido una influencia y una madurez ideológica de las que carecía hace una década".
Si Farrall tenía razón hace un mes, nada cambia en lo esencial con la muerte de Osama Bin Laden en la madrugada (hora de Madrid) del lunes, 2 de mayo, en una residencia de tres pisos, sin internet ni teléfono, con muy pocas ventanas, amurallada y protegida con alambradas, a unos setenta kilómetros de Islamabad.