¿Votos furiosos?

Poco más de 30% votó por Ollanta Humala en primera vuelta en el 2006, y 2% o 3% más hubiera podido hacerlo llegar a la presidencia. ¿Son esencialmente las mismas personas? El candidato se pasó cinco años con un perfil político y cifras sumamente bajas, al grado que parecía descartado como competidor en el 2011.

La teoría frente al Humala que teledirigió una mediana bancada parlamentaria era que el crecimiento acumulado, las obras sociales y una reducción significativa de la pobreza habían ido acrecentando la mayoría pro orden establecido a la vez democrático y neoliberal, y que eso se reflejaría en estas elecciones.

El argumento, sostenido también en esta columna, se equivocó. Una mitad del electorado hoy alegremente toma distancia de los candidatos que encarnan el sentido común oficial de estos diez años. Los llamados a considerar el lado peligroso de las candidaturas de Humala o de Keiko Fujimori han tenido hasta aquí muy poco efecto.

La imagen médica de Mario Vargas Llosa para definir el fenómeno implícitamente habla de una suerte de falta de defensas en el cuerpo político del status quo: hay el peligro de que no se logre incluir en lo político a quienes se sienten excluidos en lo económico, y así los peligros para la democracia no logran ser expulsados del organismo.

La encuesta Latinobarómetro desde hace tiempo muestra que los peruanos no tenemos mucho aprecio por nuestra democracia ni por sus partidos. De allí la perenne búsqueda de rostros que refresquen o contradigan el orden democrático liberal. Lo que MVLl llama enfermedades algunos lo ven como antídotos contra una democracia insatisfactoria.

Algunos pasos de este proceso de avance de la contradicción al actual orden establecido son identificables:

- La reciente derrota municipal del PPC y la reducción del voto aprista han creado un vacío que está siendo llenado precisamente por los enemigos de los partidos tradicionales.

- Los entendimientos del actual gobierno con el fujimorismo dentro y fuera del Congreso legitimó la posibilidad de un retorno de los años 90.

- La baja aprobación de Alan García y las campañas de demolición de su imagen se le han contagiado al modelo económico y sus resultados.

- Los permanentes y bien publicitados conflictos sociales terminaron por contrapesar los avances sociales que exhibe el gobierno.

- Pocas personas parecen dispuestas a sacar la cara por los beneficios obtenidos, grandes o pequeños, y no sienten la menor necesidad de hacerlo.

La lista podría alargarse mucho. Pero su esencia es que los votantes por Humala o Fujimori no parecen tanto ciudadanos viviendo un autoengaño político, sino ciudadanos expresando furias que no tienen otra manera de expresar que votando contra el sentido común oficial.

Fuente: La República