El mercado duda de las promesas de Barack Obama para poner en orden el desmadre fiscal de Estados Unidos, al extremo de advertir ayer que, de no verse pronto señales de corrección, no tendrá más remedio que aumentar la calificación de riesgo para los bonos de deuda de esta potencia.
Las implicancias que podría tener semejante reducción de confianza en la recomposición de la economía quedaron ayer expuestas, de modo extremo, como lo más parecido a un terremoto financiero. Bastó que la agencia Standard & Poor's (S&P) informara que tiene un 33% de posibilidades de rebajar la calificación de la deuda de este país en los próximos dos años para que la incertidumbre eclosionara en todo el mundo.
Hasta ahora, S&P mantiene su calificación de triple A (AAA) para los bonos de deuda de Estados Unidos, la más alta de su escala, sólo compartida por Gran Bretaña, Francia, Alemania y Canadá. Lo que sí hizo fue, de modo inédito, prevenir contra una rebaja en caso de que no se pusiera coto a la crisis fiscal. Así, por primera vez, rebajó de estables a negativas las perspectivas de solvencia de Estados Unidos en los próximos años.
La reacción fue inmediata: Wall Street cerró en baja y arrastró a buena parte de las bolsas, en medio de crecientes temores entre países de la región, así como de Europa y de Asia, donde China figura como el mayor tenedor de deuda norteamericana.
"Es ciertamente un evento notable", dijo Kenneth Rogoff, profesor de la Universidad de Harvard y ex director del Departamento de Investigación del Fondo Monetario Internacional (FMI), que subrayó, de todos modos, que S&P no hizo más que reconocer una realidad innegable.
Estados Unidos es el país avanzado con peor déficit público y, si las agencias de calificación no dijeran nada, su credibilidad se vería mermada", explicó Rogoff.
Como una voz discordante en medio del coro de la histeria, el Departamento del Tesoro optó por el conocido recurso de matar al mensajero. "La agencia subestima la capacidad de los líderes políticos de unirse para superar la situación", sostuvo la número dos de la cartera, Mary Miller, y relativizó, casi en solitario, la advertencia de la calificadora.
Más pragmática, la Casa Blanca aprovechó para llevar agua para su molino y recordar a la oposición la importancia de alcanzar un acuerdo sobre la reforma fiscal, según el vocero presidencial, Jay Carney.
La nota de S&P alude a la falta de señales claras sobre lo que ocurrirá con el incierto panorama fiscal en los Estados Unidos, signado por una deuda monumental que, en este momento, sobrepasa los 14 billones de dólares y equivale al 80% de su producto bruto interno (PBI). Eso, sumado a un panorama de récord absoluto en materia de déficit fiscal, instalado sobre el desalentador contexto de una recuperación económica mucho más mentada que real.
Sobrevuela ese cóctel, además, la imposibilidad que demostraron hasta ahora demócratas y republicanos para trabajar seriamente en un ordenamiento de las finanzas públicas.
Todo, con la agravante de que, si no hay un acuerdo inminente, la administración norteamericana se quedará sin posibilidad de emitir nueva deuda a partir del 8 de julio, fecha en que alcanzaría al tope legislativo de 14,29 billones de dólares. Los demócratas vienen pidiendo que el Congreso apruebe un nuevo aumento de ese techo, pero los republicanos sólo están dispuestos a tocar el tema a cambio de un largo listado de condicionamientos en materia de reducción del gasto.
Lapidario, el documento de S&P lo dice claramente: "El déficit y la deuda en Estados Unidos son muy altos y no aparece una intención clara en Washington de corregir la situación". Para más datos, el relator del informe, Nikola Swann, subrayó: "Más de dos años después del comienzo de la crisis, los legisladores no se han puesto de acuerdo en la manera de afrontar el creciente deterioro fiscal".
El eco en el escenario político local tampoco se hizo esperar, porque, si bien demócratas y republicanos coinciden en que hay que arreglar de modo urgente el agujero en las cuentas públicas, no pueden acordar la manera de hacerlo. "Lo que hace falta en este país es poner en marcha reformas muy profundas", dijo el líder de la mayoría republicana en la Cámara de Representantes, Eric Cantor.
Pero, más urgidos por el "aquí y ahora", los demócratas no quieren saber nada de condicionamientos políticos asociados a todo intento de superar la inminente crisis de deuda que sobrevuela las arcas de la superpotencia.
"Espero que, con la advertencia de S&P ante sus ojos, los republicanos dejen de usar la crisis de deuda como una palanca para sus objetivos políticos de corta mira", retrucó el demócrata Peter Welch. El es, justamente, quien viene llevando la voz cantante en materia de deuda entre los representantes demócratas, y el hombre que -cuando las papas queman- apela al caso argentino para prevenir contra el riesgo de un default. "¿Qué quieren: que terminemos con una crisis similar a la Argentina?", suele decir el legislador por Vermont.
Al margen del baldazo de agua fría que implicó la nota de S&P, en medios financieros hace rato que hay alarma con el rojo fiscal norteamericano.
El viernes pasado, el director del FMI, Dominique Strauss-Kahn, clamó contra el "excesivo endeudamiento" de las principales economías, en una clara alusión a Estados Unidos.
Las malas noticias
La baja en la nota de Estados Unidos. La calificadora Standard and Poor's sacudió a los mercados financieros globales al rebajar, por primera vez, las perspectivas de la deuda norteamericana de "estable" a "negativa".
El avance de la ultraderecha en Finlandia. El partido Verdaderos Finlandeses obtuvo el 19% de los votos en las elecciones parlamentarias y podría, si accede al gobierno, trabar el rescate financiero que necesita Portugal.
La presión sobre la deuda portuguesa. Los intereses que penalizan las obligaciones de Lisboa llegaron a su máximo histórico desde la entrada en vigor del euro, al cotizar al 10,58%.
La posible reestructuración de la deuda griega. Funcionarios griegos admitieron que las reformas van por detrás de la evolución de la deuda, lo que disparó los rumores sobre una eventual reestructuración y contribuyó a que la cotización del euro frente al dólar bajara en un uno por ciento.
Los problemas en Irlanda. La agencia de calificación financiera Moody's revisó a la baja las notas de los bancos irlandeses y el Ejecutivo pidió renegociar los términos del rescate.
La caída de los mercados. Nueva York cayó 1,14%; Londres, un 2,1%; París, un 2,35%; Fráncfort, un 2,11%; Milán, un 2,92%; Zurich, un 2,43%, y San Pablo, 1,9%.
Fuente La Nación