Estuvo claro desde el principio, sin necesidad de esperar a concluir una conversación que finalmente se alargó más de una hora en uno de los salones que el presidente de Chile ocupaba en el Hotel Excelsior en la lujosa Via Veneto de Roma el miércoles pasado, cuajado de muebles estilo Biedermeier e Imperio, sea el imperio que sea, y adornado con cuatro severos retratos de damas de la nobleza de la Italia del XVII, que la impresión de los observadores más atentos a la realidad en América Latina resulta acertada: Sebastián Piñera se ha convertido en una de las figuras más interesantes, pero también más controvertidas, en el tablero político del continente.
Cuando le conocí hace dos años, en Santiago de Chile, en un ambiente informal de compartir charla y copas, Piñera tenía, para ser francos, casi todo en contra en su intento de conseguir la imagen en la historia a la que sin duda aspira. Todo excepto, claro está, los sondeos electorales, que le colocaban ya en posición de desalojar del poder a la Concertación, una conjunción inimaginable en cualquier otro país latinoamericano de socialistas y democratacristianos, explicable sólo por el trauma que supuso la dictadura de Pinochet y que no sólo había dirigido con gran éxito la transición desde el detestado régimen de los espadones a una de las democracias más estables de América Latina, sino que había asegurado 20 años de prosperidad y avances sociales.
Casi todo en contra significa, para empezar, que optaba a la presidencia con una coalición cuyos personajes más conspicuos no sólo defendieron la dictadura de Pinochet sino que propugnaron abiertamente su permanencia en La Moneda, cuando él, Sebastián Piñera, doctorado en Harvard, profesor de economía, emprendedor de éxito, se había mostrado abiertamente antipinochetista e incluso había ayudado en la campaña por el no en el referéndum que finalmente supuso la expulsión del poder del tirano.
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Piñera dice terminará con la pobreza extrema
Sebastián Piñera se ha convertido en una de las figuras más interesantes, pero también más controvertidas, en el tablero político del continente. Asegura que en 4 años terminará la pobreza extrema.