La muerte de la Europa social

Letonia y los "Tigres Bálticos", ¿modelo para Irlanda, España y Portugal?

"¡Sed como Letonia!", urgen los banqueros y la prensa financiera a los gobiernos de Grecia, de Irlanda y ahora, también, de Portugal y España. "¿Por qué no ser como Letonia y sacrificar vuestra economía para pagar las deudas que contrajisteis durante la burbuja financiera?" La respuesta es que no pueden hacerlo, sin sufrir un colapso económico, demográfico y político que empeorará todavía más las cosas.

Hace sólo un año se reconocía que varias décadas de neoliberalismo habían destruido la economía estadounidense y la de muchos países europeos. Años de desregulación, de especulación y de falta de inversión en la economía real los han dejado con una desigualdad creciente y con una magra demanda de consumo, salvo la financiada incurriendo en deuda. Pero la prensa financiera y los decisores políticos neoliberales contraatacaron sirviéndose de los "Tigres Bálticos" como ariete paradigmático contra las políticas keynesianas de gasto y contra el modelo de la Europa social soñado por Jacques Delors.

Los analistas vieron en los resultados de las elecciones letonas del pasado octubre una vindicación de la eficacia de la austeridad para resolver la crisis económica. El mantra habitual –recitado nuevamente hace poco por The Economist— es que el honrado y taciturno primer ministro letón, Valdis Dombrovskis, ganó la reelección en octubre pasado, a pesar de haber impuesto las políticas fiscales y de austeridad más duras jamás adoptadas en tiempos de paz, porque un electorado "maduro" se habría percatado de su perentoria necesidad y desafió a la "sabiduría recibida" votando a un gobierno de austeridad.

El Wall Street Journal ha publicado no pocos artículos a favor de este punto de vista. En el último de ellos, Charles Doxbury abogaba por una estrategia letona de devaluación interna y austeridad como modelo a seguir por las naciones europeas en crisis. La idea más comúnmente argüida es que la caída libre de Letonia (la mayor entre todas las naciones desde la crisis de 2008) ha tocado finalmente fondo y que la recuperación, aun si muy frágil y harto modesta, está en camino.

Esa idea atrae a los banqueros que buscan evitar quiebras en la deuda privada y pública, en la esperanza de que la austeridad pueda llevar a la recuperación económica. Pero el modelo letón no es imitable. Letonia carece de un movimiento obrero con voz, y apenas cuenta con una modesta tradición de activismo que no se base en la etnicidad. Al contrario de lo que suele figurar en la prensa, sus políticas de austeridad distan mucho de ser populares. Las elecciones giraron en torno de asuntos étnicos, no fueron un referéndum sobre la política económica. Los étnicamente letones (la mayoría) votaron por partidos étnicamente letones (la gran mayoría, neoliberales), mientras que la considerable minoría rusófona (30 por ciento) votó con análoga disciplina por su partido (vagamente keynesiano).

Veinte años después de la independencia, las consecuencias de la emigración rusa a Letonia bajo la ocupación soviética siguen configurando las pautas del sufragio. A menos que otras economías puedan utilizar divisiones étnicas similares como cobertura de distracción, los dirigentes políticos que se propongan políticas de austeridad de tipo letón están condenados al naufragio electoral.

Aunque la crisis económica fue lo suficientemente profunda como para sacar a la calle a una población despolitizada en el invierno de 2009, el grueso de los letones no tardaron en hallar el camino de menor resistencia en la pura y simple emigración. La austeridad neoliberal ha generado pérdidas demográficas mayores que las deportaciones de Stalin en los años 40 (esta vez, empero, sin pérdida de vidas). A medida que los recortes en educación, asistencia sanitaria y otras infraestructuras sociales básicas amenazan cada vez más con socavar el desarrollo a largo plazo, los jóvenes prefieren la emigración al sufrimiento en una economía sin puestos de trabajo. Más del 12% de la población total (y un porcentaje mucho mayor de su fuerza de trabajo) trabaja ahora en el extranjero.

Por lo demás, los niños (los pocos que hay, habida cuenta del desplome de las tasas de matrimonio y nacimiento) han quedado atrás, en situación de orfandad; lo que ha llevado a los demógrafos a preguntarse por las posibilidades de supervivencia de este pequeño país. De modo, pues, que, a menos que otras economías europeas devastadas por la deuda y con poblaciones muy superiores a los 2,4 millones de habitantes de Letonia puedan encontrar mercados de trabajo que acepten a sus trabajadores desocupados como consecuencia de la austeridad financiera; a menos que eso ocurra, esta opción será inviable.

El crecimiento de un 3,3% previsto para Letonia en 2011 se menciona como prueba adicional del éxito de un modelo de austeridad que habría estabilizado tanto su crisis de mala deuda como su crónico déficit comercial financiado con préstamos hipotecarios en moneda extranjera. Dado que el PIB cayó un 25% durante la crisis, con tamaña tasa de crecimiento se tardaría una década entera sólo para recuperar las dimensiones de la economía letona de 2007. ¿Cómo habría este "rebote del gato muerto" [1] resultar suficientemente atractivo e inducir a otros Estados de la UE a lanzarse por el despeñadero fiscal?

La economía comparada, de todo punto política

A despecho de sus desastrosos resultados económicos y sociales, lo cierto es que el trauma neoliberal letón es idealizado por la prensa financiera y los políticos neoliberales, a fin de imponer austeridad en sus propias economías. Antes de la crisis global de 2008, los "Tigres Bálticos" eran celebrados como la vanguardia de las economías de libre mercado de la Nueva Europa. Los críticos de ese "milagro" económico –fundado en préstamos en moneda extranjera para financiar la especulación con propiedades y la adquisición de bienes públicos en proceso de privatización— fueron ninguneados y despreciados como obstinados negadores.  Y ahora, sin perder comba, los comentaristas de turno se avilantan a presentarnos la opción letona por la austeridad como una política ejemplar para otras naciones.

La opción letona sirve a distintos señores. Permite a la prensa financiera seguir disparatando con la autocorrección de los mercados y con la idea de que la austeridad trae consigo prosperidad. El Banco central letón (respecto de cuya estridencia neoliberal, dicho sea de pasada, hasta el FMI ha expresado preocupación) desea una vuelta torera de honor que le absuelva de la puesta por obra de unas políticas que imponen sufrimiento masivo al pueblo letón. Y Washington y los neoliberales de la Unión Europea desean que otros países hagan suya la versión letona de la "Puerta Abierta" de China, cohonestada con un sistema dickensiano de protección social. La apertura a la penetración económica es el criterio de medida, y los bálticos la exhiben grado superlativo; ergo, son "exitosos", con independencia de lo bien o mal que su economía subvenga a las necesidades de su pueblo.

Dada la proximidad entre Letonia y Bielorrusia, es iluminador comparar el modo en que los neoliberales han evaluado sus economías. Letonia sufrió el peor colapso económico europeo en 2008 y 2009, con un continuado desempleo de dos dígitos. Su economía no experimentará crecimiento hasta el presente año (2011), y es lo más probable que el modesto crecimiento experimentado siga acompañado por una tasa de desempleo de dos dígitos. Una fracción enorme de su población ha evacuado el país, dejando atrás niños al cuidado de parientes, si no valiéndose por sí solos. La vecina Bielorrusia, que cuenta con pocas de las ventajas geográficas letonas (puertos y costas), tiene un PIB no mucho más bajo que el de Letonia. Bielorrusia experimentó un auge con tasas de crecimiento de doble dígito antes de la crisis, y mantuvo a su economía en el pleno empleo durante la crisis, muy lejos del colapso del 25% que desbarató  a Letonia. Bielorrusia tiene también un coeficiente de Gini (índice de desigualdad) aproximadamente a la par con Suecia, mientras que Letonia se acerca más a los crecientes niveles de desigualdad que ahora caracterizan a los EEUU.

Y sin embargo, Letonia es declarada un éxito, y Bielorrusia, un fracaso. El World Factbook de la CIA recuerda a sus lectores que el buen rendimiento económico bielorruso ocurrió "a pesar de los escollos de una inflexible economía centralmente dirigida". Tal es la caracterización corriente de Bielorrusia. Pero lo que habría que preguntarse es si lo que su éxito refleja no son precisamente las virtudes de su planificación central. Letonia ha generado mayor libertad política para sus disidentes, pero Bielorrusia tiene menos desigualdad económica y menor deuda exterior.

Todas las economías que han existido en la historia han sido economías mixtas. No estamos defendiendo a la prensa del Camarada Lukachenho, ni menos su política represiva en Bielorrusia. Simplemente, no nos vamos al extremo opuesto de aplaudir el modelo neoliberal letón. Se puede criticar el sistema político bielorruso, sin tragarse la oligarquía electoral en que consiste la vida política letona. Pero, ganen o pierdan en materia de resultados económicos, el caso es que la prensa y los académicos occidentales proclaman ganadores a Letonia a y los hambreados Tigres Bálticos, mientas que Bielorrusia, sean los que quiera sus rendimientos económicos, sean los que fueren su méritos, es declarada perdedora. No se verá una sola mirada de comparación objetiva entre las economías de los dos países; nadie se molesta en examinar sobriamente dónde tienen éxito y dónde fracasan (también por sectores) con la vista puesta en las lecciones de todo ello derivables. Las comparaciones económicas son de todo punto políticas.

No estamos culpando a la nación letona por los crueles experimentos políticos neoliberales a que está siendo sometida; lo que está en cuestión es la comunidad global de decisores políticos, de intelectuales y de parte de las propias elites letonas: su persistencia en proseguir esa política fracasada y aun recomendarla a otros países como vía al crecimiento económico (cuando de lo que se trata es de un suicidio económico y demográfico). El pueblo letón sufrió las consecuencias devastadores de las dos guerras mundiales y de dos ocupaciones, lo que el neoliberalismo ha venido a coronar con la desmantelación de su industria y el hundimiento cada vez más profundo en la deuda –¡en moneda extrajera!— desde el logro de su independencia en 1991. El neoliberalismo ha generado una pobreza tan honda, que ha causado un éxodo de proporciones bíblicas al extranjero. Llamar a eso un paso económico hacia delante y una victoria de la razón económica no puede menos de recordarle a uno la caracterización que de las victorias militares imperiales romanas puso Tácito en boca del cabecilla celta Calgacus antes de la batalla de Monte Graupius: "Desertizan, y lo llaman paz".

A lo largo de los varios años que ambos llevamos visitando Letonia hemos sido testigos de un pueblo industrioso y talentoso, rebosante de gentes integérrimas aun inmersas en un medio corrupto. Lo que nos proponemos aquí es explicar por qué el fracasado "modelo letón", lejos de entenderse como una política a imponer quieras que no a Irlanda, Grecia  y otros países europeos deudores, debería verse como un aviso de lo que otros países han de evitar a toda costa. Los dos hemos trabajado en la misma Letonia con el propósito de estimular allí un cambio de política. Lo que, después de todo, anda ahora en juego es el futuro de la democracia social europea y la continuación de la paz en una región devastada por guerras durante un milenio antes de 1950.

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