"La gente que pasaba por la carretera los quedaba mirando. Eran los más ancianos de la población. Se sentaban en la baranda del camino todos los días, y desde ahí miraban cómo poquito a poco el agua subía, cubriendo primero los patios y luego los cercos, hasta que desapareció todo lo que recordábamos como nuestras casas. Todo quedó bajo el agua. Fue algo muy triste de ver y angustioso de vivir", cuenta Mónica Cortés, vecina del poblado Punta Azul, de Vicuña, que se emplaza a unos 800 metros del embalse Puclaro, en la IV Región. "Nos decían que la construcción del embalse traería progreso, que ayudaría al desarrollo del valle y a la agricultura, pero nosotros no nos resignábamos a despedirnos de nuestro hogar", añade.
Así surgieron las ruinas nuevamente.
A casi 12 años de la inauguración de la represa -construida para acopiar 200 millones de m3 de agua-, los mismos ancianos que creyeron despedirse para siempre de su pueblo, vuelven con sus hijos y nietos a recorrer el sitio. Hace poco más de un año -dicen en el sector- la sequía comenzó a secar la cuenca, cediendo paso a los recuerdos y vestigios de tres generaciones edificadas en adobe. Pero este verano fue más evidente, pues se sacó más agua para regadío y aparecieron por completo las ruinas de Gualliguaica, Punta Azul y La Polvada.
"Ha traído mucha nostalgia a todos. Son muchos recuerdos que pensamos que habían desaparecido. Pero algo queda. De a poquito nos dimos cuenta que el agua empezó a bajar y mientras más bajaba, más cosas podíamos ver del pueblo. Está en ruinas, son más que nada las bases de las casas, partes de los cercos o muros de establos y criaderos", dice Ana Ramírez, quien fue reubicada desde Gualliguaica.
La aparición de los vestigios ha llevado a los vecinos a identificar sus antiguas propiedades. "El parrón que teníamos al fondo de la casa se puede ver. Ese lo plantamos con mi mamá y mis 11 hermanos al fondo del fundo y no alcanzamos a desarmarlo. También se pueden ver los muros de la antigua estación ferroviaria, los muros de la escuela y los deslindes de casas que tenían más de 200 años", dice Cortés.
Cuando se produjo la inundación de la localidad, los casi 350 lugareños se dedicaban a la agricultura y la ganadería. Lo que más había eran cabras, que pastaban en las praderas. En 1996, cuando el proyecto de US$ 70 millones se declaró factible, se enteraron, que no había vuelta atrás. Todos tenían que salir. "No queríamos. Fue muy triste. Nos ofrecieron alcantarillado, tendido eléctrico y agua potable, pero perdíamos la tierra, que es lo que más duele. En Punta Azul fuimos los últimos en irnos. Nos quedamos hasta que el agua estaba a 15 metros de las casas", dice Cortés.
El sitio es visitado por turistas que, impresionados por la fantasmal escena, llegan a tomar fotografías. "Les llama la atención, porque gente que vino el año pasado y estuvo en el embalse, ahora se sorprende con la aparición de estas construcciones y árboles en sitios donde antes había un espejo de agua", dice el alcalde de Vicuña, Fernando Guaman. Allí, la sequía ha disminuido en un 50% el embalse.
Fuente La Tercera.cl