Desde una mirada superficial, el discurso pronunciado esta tarde por el presidente egipcio no presenta ninguno de los cambios pretendidos por los manifestantes, y anunciados desde primeras horas de ayer por las cadenas de noticias.
Valiéndose de la cadena local de televisión y el apoyo –reanudado- de Al Jaseera , Mubarak delineó los principales puntos sobre los que se sustentará la política de esa nación en los siguientes meses.
Aparte de su voluntad de no renunciar ni abandonar el país, también hizo uso de sus facultades para instar a los miles –millones según algunos observadores- de manifestantes a retornar a sus hogares, y prometer otra serie de cambios y profundizar en los ya anunciados hace algunos días.
Sin embargo, esto que no era lo esperado por el grueso de la gente, terminó dejando gusto a nada, al menos para aquellos que sólo veían en el alejamiento de Mubarak como la solución a todos los males que atraviesa la paralizada nación.
¿Pero es correcta la interpretación de que nada cambia realmente? Un estudio un poco más exhaustivo nos demostrará que no es del todo así.
Lineamientos pasados por alto
El discurso que fue pronunciado con serenidad hace algunas horas por Hosni Mubarak, deja entrever al menos dos puntos lo bastante sustanciosos como avizorar en ellos el germen de la revolución tan proclamada por los ocupantes de la plaza Tahrir.
El primero de ellos es el que hace referencia al factor externo. Esto se aplica sobre el momento en el que manifiesta que “no sucumbirá a las presiones extranjeras”.
Aquí, hace claramente alusión a las presiones mediáticas de las que ha sido receptor desde hace ya más de cuatro semanas. Presión que quedó desnudada en el día de ayer cuando las principales cadenas internacionales de noticias anunciaban su inminente renuncia. Pero también referencia a los líderes “extranjeros” que se han permitido opinar sobre la situación de El Cairo.
El otro punto sobre el que se erigió su discurso fue una clara alusión al conflicto etario que atraviesa tanto Egipto como sus vecinos árabes. El que consiste básicamente en un problema actual, fruto de una cultura patriarcal dominada principalmente por “mayores” que relegan a los más jóvenes en las discusiones políticas y dirigenciales.
La presión externa y la discusión democrática
Tal vez por miedo de ser otra Irak o Afganistán, el gigante del canal de Suez se ha propuesto no permitir que se decida desde afuera de sus fronteras el destino o los gobernantes de la nación. Sin embargo, han corroborado por sí mismos que ya resulta indispensable crear el ambiente para mejoras en la calidad institucional.
Lo propuesto por Mubarak en la tarde de ayer, es el paso de un sistema patriarcal –de facto-, a otro sistema democrático y participativo.
Las herramientas de las que se valdrá para esta empresa, es la de la enmienda a varios artículos de su Carta Orgánica, que se traducirán en mejoras en las posibilidades de generación de propuestas para las próximas elecciones generales.
Una revolución controlada, puertas adentro y bajo la supervisión de los ocupantes del poder, es algo a lo que los argentinos no nos costará entender y comparar con el proceso encabezado por Bignone, cuando preparó a las instituciones argentinas para el retorno de la democracia.
Las tradiciones vs el factor joven
Un dato a tener en cuenta es que cerca del 60 por ciento de los habitantes de Egipto poseen menos de 30 años. Esta cifra, no puede pretender ser ignorada por una cultura basada en un sistema patriarcal dominante. Mucho menos cuando son los jóvenes egipcios los que no renuncian a sus lugares en las calles de la capital y Alejandría.
Una política más abierta a la participación juvenil fue lo propuesto esta tarde por cadena nacional, y es uno de los ítems fuertes sobre los que quiere basarse tanto Mubarak como Suleimán a quién ya se le ha delegado la suficiente autoridad como para llevar a cabo estas disposiciones.
Tal vez hoy, con un nuevo sol y renovados aires, los fríos anuncios de la tarde anterior, empiecen a germinar en las mentes de algunos cabecillas de la revuelta y con una mirada más historicista puedan reconocer la tan ansiada oportunidad de construir una democracia joven y participativa.
El discurso de Mubarak que nadie escuchó
Desde una mirada desatenta puede parecer que el discurso de ayer no cambió en nada la situación de Egipto. Sin embargo, una revolución controlada y puertas adentro, le abre las puertas del poder a una generación joven anhelante de democracia.