Los presidentes y las autoridades de los países se conocen por sus obras, pero también por sus excentricidades. Muchos mandatarios tienen hobbies diferentes por los cuales se hacen conocidos en sus países o también a nivel mundial.
Un ejemplo es Carlos Menem, quien mientras habitó la Casa Rosada gustaba manejar el Ferrari que le regaló un empresario italiano. El encargado de la seguridad presidencial le decía que podía acelerar tranquilamente. Ningún escolta lo iba a molestar. Pero igual mandaba a un helicóptero y a un par de motos a seguirlo a distancia.
Por otro lado, Evo Morales es aficionado al fútbol y un partido con los amigos no reviste mayor peligro si no sos el presidente. En un partido amistoso contra un equipo de la alcaldía de la Paz, las cámaras registraron a Morales respondiendo con un rodillazo en los genitales a un rival. Así saldó cuentas por un golpe en su pierna derecha. Gustavo Cartagena, el agredido por el Presidente, fue expulsado. Además, la policía estuvo a punto de detenerlo.
Pero los hobbies no son siempre motivo de polémica o deshonor. Depende de la idiosincrasia de cada pueblo. En Rusia, la afición al deporte del ex Presidente Vladimir Putin hasta hoy es motivo de orgullo. No le cuestionan que sea un experto en judo o que salga a cazar a lo "Rambo", con el torso desnudo y empuñando un rifle de mira telescópica, como lo captó la prensa en agosto de 2007, entre las montañas de Sayan, en Tuvá (Siberia). ¿Qué dirían los "animalistas" si supieran que también es aficionado a cazar ballenas y tigres? Y los helicópteros de paseo no son de su gusto: Putin prefiere manejar aviones de combate.
También hubo otras aficiones más cuestionables y que hoy están en su momento más complicado. Un ejemplo es Silvio Berlusconi, quien sería un gran aficionado a las fiestas con mucho sexo y chicas jóvenes. En este listado también entraría la afición de Bill Clinton por las reuniones en el Salón Oval, entre otros.
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