Por Óscar Vargas-Villazón, especialista en el tema del litio y catedrático de Economía (UCB).
Al finalizar el año, del proyecto de industrialización del carbonato de litio y derivados siguen llegando noticias auspiciosas, este fin de semana se empezó de manera exitosa el bombeo de la salmuera del salar de Uyuni en las piscinas solares recubiertas con geomembranas (altura de 60 cm), iniciando de esta manera la fase de cristalización del litio y derivados.
De manera análoga, en cierre de gestión 2010, se pone en marcha el proyecto para construir un complejo industrial destinado a la producción de derivados de litio con alto valor añadido; su realización no será una tarea sencilla, pero tampoco imposible, como lo afirma el Ing. Luis Alberto Echazú, cabeza visible del proyecto.
Este emprendimiento tomó vida en octubre, cuando el Gobierno comprometió una inversión total de $us 902 millones, de los cuales $us 485 están destinados al proyecto industrial del carbonato de litio y derivados y $us 400 a un proyecto totalmente independiente de producción de derivados de litio con alto valor añadido.
La primera fase de este proyecto industrial consta de una preinversión de $us 5 millones que será ejecutada el 2011 y toma en cuenta la creación de un polo de investigación compuesto por seis laboratorios y de una planta piloto que tendrán como objetivo principal definir la tecnología más apropiada en toda la cadena de valor de las baterías de litio.
La puesta en marcha y posterior operación de una planta industrial de derivados de litio, implica como condición sine qua non el dominio de la tecnología ligada a la electroquímica de baterías de litio y también el conocimiento y ratificación a nivel piloto de las técnicas de producción.
Es indudable que será necesario reducir el componente maquila al máximo, para eso es imprescindible focalizar los esfuerzos en la producción de sales de litio (entre varios: litio metálico, cloruro de litio, hidróxido de litio), materiales cátodos, ánodos y sales de electrólito, insumos necesarios en la producción de las celdas para baterías.
La fase previa de laboratorios y de la planta piloto consentirá la creación de conocimientos propios en el país y facilitará la transferencia de tecnología, que no sólo se refiere a los equipos utilizados, sino también a las pericias, destrezas y alto conocimiento de tecnología de punta que implica el saber hacer algo con eficacia y bien hecho.
Para esta finalidad es necesaria una gestión del conocimiento del litio con valor añadido, puesto que dichos procesos están destinados a obtener productos con un alto grado de desempeño y precisión.
En esta fase, podrá existir asociación con inversionistas extranjeros, al final del día, lo que realmente importa en este proyecto de alta tecnología es crear un modelo industrial que propicie la formación y capacitación de mano de obra nacional.
Fuente: La Razón