Es ciega y recorrerá Europa "a dedo"

Alba de Toro, Licenciada en Interpretación y traducción, ha dedicado dos veranos a enseñar informática a niños invidentes en India.

Alba con su perra Tori.
Alba con su perra Tori.

"Yo nací ciega, es algo que siempre ha estado conmigo, no veo que tenga más dificultades que cualquier otra persona. Lo que quiero hacer lo hago, sólo que de manera diferente", comenta Alba de Toro en una cafetería del distrito barcelonés de Gràcia mientras acaricia a su perra, Tori, y explica sus planes. Alba pasará el verano recorriendo Europa haciendo autostop. Ahora ya estará en Manchester, donde debía reunirse con compañeros que conoció durante su año Erasmus en esta ciudad británica; y en septiembre regresará a India, a Anantapur, para seguir enseñando programas informáticos a niños y jóvenes invidentes de la Fundación Vicente Ferrer (FVF).

Alba, de 22 años, se frota las manos pensando en su futuro inmediato: acaba de licenciarse en Traducción e Interpretación de inglés y alemán por la Universitat Autònoma de Barcelona y sueña con su próximo viaje a India, el cuarto. "Al acabar la carrera me planteé: '¿y ahora qué hago?, ¿un máster?' No, soy joven, quiero hacer muchas cosas. Quiero trabajar más con los niños de Anantapur, quiero conocerlos mejor, cómo sufren su discapacidad. Y también quiero practicar mi hindi y estudiar música oriental. En las anteriores ocasiones estuve periodos de dos meses, pero se me quedaban cortos". Ahora, se marchará cuatro meses, quizás un año.

Su primer viaje a India fue iniciático, con sus padres, cuando cumplió 18 años. La ruta acabó en Anantapur, donde conoció a Vicente Ferrer y a la directora de la escuela de invidentes de la fundación, que le pidió colaboración.

"Aquello me atraía mucho, pensé que podía ayudar en algo". Los niños la acribillaron a preguntas: "¿Es fácil encontrar trabajo en España siendo ciego? ¿Cómo te las arreglas para hacer las cosas? ¿Cómo escribes?...". "Allí la sociedad los estigmatiza, ser ciego quiere decir que has hecho algo malo en una vida anterior. Y ellos veían que yo llevaba una vida normal. La fundación trabaja para integrarlos".

De aquella primera incursión surgió un proyecto de larga trayectoria. Aprovechaba las vacaciones universitarias para instalarse dos meses en Anantapur y enseñar a los estudiantes invidentes del instituto, de entre 12 y 17 años, el funcionamiento de un programa informático que les permite leer (una voz lee lo que aparece en la pantalla, así el usuario escucha los textos) y escribir. "Si aprenden informática tienen muchas más salidas laborales. Ahora quiero introducir el ordenador en las clases", añade Alba. La FVF tiene en funcionamiento 18 centros educativos adaptados a alumnos con alguna discapacidad visual, auditiva o mental.

Con los niños de corta edad "he trabajado más la expresión corporal y la imaginación", dice. "Les llevaba cuentos con relieves, los hacía cantar, bailar...". Y ahora espera reencontrarse con ellos para ver cómo han evolucionado.

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