Comió y mucho, este lorito estuvo comiendo muchas bayas, y el resultado no fue muy bueno. Anduvo tambaleando bastante, se subió al alambrado de su jaula y hacía piruetas raras. Los cuidadores empezaron a observarlo extrañados por lo que hacía, hasta que se dieron cuenta de que las bayas había provocado un estado de embriaguez.
Durante algunos minutos el loro siguió haciendo cosas extrañas, hasta que el cansancio pudo más y quedó con sus patitas hacia arriba durmiendo plácidamente. Horas más tarde se despertó y la resaca fue bastante grande, porque todavía no podía abrir los ojos y era evidente que tenía hasta jaqueca.
Pobre lorito, otra vez sería bueno un café bien negro para evitar semejante borrachera.