Tropa de Elite 3D

Cuando llegué a Rio de Janeiro, a mediados de marzo, la ciudad estaba empapelada por un slogan “RIO CONTRA O CRIME”; en estos días se notó esa dualidad gobierno – criminosos que los carteles reflejaban.

Eventos inesperados, situación de emergencia, inestabilidad, peligro social, incertidumbre y miedo, se empezaron a sentir desde el 23 de noviembre en la ciudad purgatorio de la belleza y el caos. Todas las características mencionadas describen una crisis que envuelve a diferentes sectores como sociedad, policía, militares, gobierno, economía, entre otros que se vieron afectados cuando bandidos dependientes de crack comenzaron a incendiar autos a cambio de esa droga proporcionada por los traficantes.

De a poco se fue percibiendo que el ambiente estaba tenso, comenzaron las alertas, autos y colectivos incendiados, robos, bombas explotando en la vía pública. El flujo de personas y autos disminuyó en la ciudad, andando por las calles de la “ciudad maravillosa” todos se miraban como extraños y la policía empezaba a ocupar las esquinas de los barrios.

El Cristo Redentor abrazando la ciudad tenía un aire irónico, a sus pies se estaba desatando un enfrentamiento que nadie sabía cuando iba a terminar, los más cercanos a él, los que viven en los morros se encerraban, algunos eran víctimas de la violencia y trataban de escapar de sus lugares de origen, muchas de esas casas tienen hoy un cartel de venta, será un lugar que no ocuparán de nuevo, otros, después de los ataques festejan en las casas lujosas de los traficantes reprimidos o de los que consiguieron escapar.

Los medios comenzaron a dar mensajes que causaban desespero, inseguridad, intranquilidad; no es para menos con lo que estaba aconteciendo, pero ellos se encargaron de que el mensaje sea alarmante, dejando en jaque a muchos que sólo resolvieron quedarse en sus casas hasta que la calma volviera.

Somos testigos de escenas del “realismo mágico”, donde se muestran lo que debería ser extraño como un cotidiano; un ejemplo de ello es la exhibición de trofeos por parte de la policía de la captura de los renombrados traficantes durante la toma del Complexo Alemão. Las noticias desataron una oposición entre el bien, fuerzas de seguridad y el mal, favelados, traficantes y bandidos. Uno de los títulos de primera plana de los medios fue: “guerra civil”.
Esta guerra civil de la que hablan es parte de una medida inmediata que, en mi opinión, no tiene mucho sentido momentáneamente; pueden reprender a alguno de los más importantes  narcotraficantes de la ciudad lo cual, concordamos, es bueno, pero qué pasa con los orígenes de esa droga, con los consumidores que inician esos negocios, qué pasa con aquellos a los que les ofrecen esas drogas para hacer negocios. No se acaba solo atacando los focos, se trata de atacar de fondo y a largo plazo para lograr un cambio.

La policía negocia con los traficantes, hay un vínculo de dependencia entre ellos, no son una dicotomía: hay arreglos en las bandas de poder para traficar droga y armas. Sin duda que existen policías honrados que cumplen con su deber, pero otros son la clave para que la droga y armas entren en las comunidades.

Después de la invasión a los complejos de Penha y Alemão en la última semana, la Secretaría de Seguridad aprendió 33 toneladas de marihuana, 235kg, de cocaína, 27kg. De crack y 1406 frascos de lanza-perfume que fueron quemadas en la Compañía Siderúrgica Nacional, en Volta Redonda, interior de Rio.

Otros de los participantes de los ataques fue BOPE (Batallón de Operaciones Policiales Especiales), creada en 1978. Esta fuerza es considerada una de las tropas de elite mejor capacitadas del mundo, para un tipo de guerra no convencional que trabaja contra el crimen en las favelas de Rio de Janeiro, y que actualmente posee 390 hombres. En internet circula un video en el que el comandante de la BOPE, Paulo Henrique Azevedo de Moraes, da las últimas indicaciones a la tropa que entró y “ganó” contra el tráfico en el Complejo Alemão. En el video resalta el espíritu de estos guerreros y aclara los objetivos a los que quieren llegar.

Parece un plan del gobierno que no va a acabar pronto, las próximas “villas cariocas” en ser atacadas o pacificadas son la Rocinha y Vidigal. La primera es una de las mayores comunidades de Rio de Janeiro con aproximadamente 60 mil habitantes.  Algunos serán reprendidos, otros serán violados de su intimidad y libertad y otros permanecerán en sus lugares defendiéndose.
En la ciudad se convive con la incertidumbre y miedo de andar por las calles en un estado de alerta permanente. Sólo queda decir…O bicho esta pegando!...Vai com Deus.

La autora: Luciana Balbi es comunicadora social mendocina y reside en Rio de Janeiro.