Carta a un concertacionista

(*) Texto publicado en el diario chileno El Mercurio)

 

Estimado compatriota, hoy vivirás un día triste, y lo entiendo. Porque mal que mal, la Concertación representó mucho para ti. Representó la recuperación de la democracia, un anhelo compartido por muchos chilenos. Representó la ilusión de un país mejor para todos; “la alegría ya viene”, cantabas en esos años. Representó un intento serio de conducir un gobierno de mayorías, que fuera al mismo tiempo responsable y le permitiera a nuestro país progresar. Representó la incorporación masiva de los chilenos al consumo, una mejoría en los niveles de vida y en el acceso a beneficios sociales. El sistema de economía de mercado, del que al principio recelabas, comenzó a dar frutos para todos.

Pero también significó para ti otras cosas. Significó la posibilidad de aportar con tu trabajo para que todo esto ocurriera; te confirió la dignidad que estabas exigiendo, una ilusión que no tenías cuando te sentías excluido de lo que pasaba en tu país; te hizo partícipe de lo que considerabas una gesta. Eran los primeros años de la Concertación, y todos pudimos ver cómo los mejores hombres de vuestros partidos decían ¡presente! y tomaban altas responsabilidades y difíciles tareas.

Tendrás que reconocer, sin embargo, que con el correr del tiempo y el paso de los distintos gobiernos la situación fue cambiando. Ya no había tanta mística, no eran los mejores los que llegaban a ocupar los cargos en el aparato estatal; comenzaron los abusos, la pequeña corrupción y la no tan pequeña. El cuoteo se hizo insoportable, las parcelas de poder se fueron haciendo inexpugnables. Lentamente, pero con cada vez mayor nitidez, la administración pública y el gobierno se fueron convirtiendo en una carga para los ciudadanos más que en sus servidores. Y así la gente perdió la confianza, y por eso serán derrotados en la elección de hoy.

A medida que pasen las horas y los días, no obstante, verás que tu pena decrece. Ya no te parecerá tan terrible que gobiernen Piñera y su Coalición. Y es que te irás dando cuenta, gradualmente, que el objetivo de la consolidación de la democracia que buscabas se logra más plenamente con la alternancia en el poder, ese argumento que antes rechazabas. Es que no podía ser que la democracia consistiera en un juego en que unos ganan siempre y los otros pierden irremisiblemente. Estarás menos triste porque te darás cuenta de que en definitiva ha ganado Chile.

Y es que el gran objetivo de la Concertación, el restablecimiento de la democracia en Chile, no está completo mientras no gobiernen otros. La centroderecha debe tener una oportunidad para conducir el Estado, y las fuerzas que han formado parte de la Concertación deben demostrar que son capaces de hacer una oposición constructiva. Así funcionan los países modernos, así son las cosas en las naciones que progresan, aunque a veces nos cuesta darnos cuenta de ello.

Te lo digo porque hace muchos años algunos de nosotros vivimos una experiencia similar. Colaboramos con mucha ilusión con un gobierno que se propuso cambiar a Chile para bien, aunque decir eso hoy día no sea políticamente correcto; lo hicimos con total desinterés, sacrificando alternativas mejores y entregando nuestros mejores años. Cuando ese gobierno fue derrotado, en el plebiscito de 1988, estuvimos tristes, temíamos que el país que se estaba construyendo diera un viraje brusco, que se echara todo lo bueno por la borda. Y no fue así.

Con el tiempo comprendimos que la modernización de Chile, que comenzó durante el gobierno militar, era incompatible con que el país fuera dirigido ocho años más por las mismas personas. Y entonces la derrota del año 1988 ya no fue tan dolorosa. Y no se trata de renegar de lo que hicimos, ni de arrepentirse de haber apoyado el SI en ese plebiscito. Como tú hasta hace pocas horas, trabajamos lealmente para que ganara nuestra opción. Y perdimos, pero ganó Chile, y eso es al final lo que importa. Ya te darás cuenta de ello… Un abrazo.

Fuente: El Mercurio