Analgésicos, jeringuillas, gasas esterilizadas, puntos de sutura, guantes, máscaras... y ortopedas y cirujanos, cuantos más, mejor. La lista de las necesidades que tienen los médicos en Haití que desde el terremoto no han parado de atender a los incontables heridos parece no acabar nunca.
El doctor Jooby Bienaimé la recita de un tirón, aunque con la mirada extraviada de quien lleva demasiadas horas seguidas trabajando y que, de todos modos, no tiene muchas esperanzas de que sus peticiones tengan eco.
La clínica que dirige, la Eliazar Germain en la Avenida Panamericana, no estaba ni de lejos preparada para la avalancha de heridos que no cesa de llegar desde el terrorífico sismo de 7,0 grados. Más de 500 el mismo martes, y entre 150 y 200 desde entonces.
"Llevamos trabajando sin parar desde el terremoto", cuenta mientras con la mirada sigue la llegada de un herido más que es acomodado sobre un colchón en la sala de espera de la entrada.
Tendrá que aguardar, dice, porque esta noche sólo están él y su hermano de guardia en la clínica, que a pesar de contar con hasta un quirófano no puede utilizarse por falta de alguien capaz de hacerlo, como un cirujano u ortopeda. La sala de ginecología entretanto ha sido reconvertida en un depósito de cadáveres, que tampoco dejan de llegar.
"Estamos realmente sobrepasados", abunda en lo obvio.
A pocos kilómetros del pequeño hospital de Bienaimé, la doctora Rachel Fanfantlissade tampoco tiene tiempo ni de respirar. La clínica quirúrgica privada en la que trabaja abrió sus puertas a todo el público tras el terremoto, y el flujo de heridos que atienden tampoco se detiene un instante.
"No hemos parado desde el martes", señala la médico, cuya mascarilla no alcanza a ocultar sus profundas ojeras.
Mientras habla no para de moverse, obligada desde la catástrofe a estar en diez sitios a la vez para atender otros tantos casos diferentes.
A su alrededor, en la pequeña antesala de la clínica, los heridos se apiñan como pueden. Una mujer sangra abundantemente de la pierna y a sus pies se ha creado un charco de sangre. Ahí se queda por el momento, no hay tiempo para los detalles.
A las puertas de su clínica, en camionetas de carga, la esperan más heridos, al igual que los colocados por el momento bajo el techo de un comercio situado frente al centro médico, y donde a falta de luz eléctrica -que sigue sin llegar a Puerto Príncipe- los familiares que los asisten, en vista de la falta de personal, utilizan velas para iluminar brevemente a los damnificados.
"No estábamos preparados para esto", reconoce Fanfantlissade.
Y la mano de ayuda prometida se hace esperar.
"Seguimos esperando a que los extranjeros vengan y nos ayuden, todavía esperamos", recalca Bienaimé.
Estados Unidos anunció la llegada para este sábado de los primeros médicos especializados, y también algunas ONGs han tratado de erigir sus puestos tras los escombros.
Pero, coinciden los médicos, esta ayuda es a todas luces insuficiente ante una catástrofe natural que cada día sorprende con nuevos horrores.
Numerosas ONGs están tratando por todos los medios de arreglar la llegada de más galenos desde el extranjero, pero los daños a la infraestructura del país que provocó el terremoto están dificultando muchas de las iniciativas.
Pese a todo, Fanfantlisade no pierde ocasión de intentar atraer a más compañeros de profesión.
"Si viene un cirujano, un ortopeda, serán mucho más que bienvenidos, porque realmente estamos saturados y la gente nos está rogando la ayuda".
Reconocen como "catastrófico" el presente sanitario de Haití
Numerosas ONGs están tratando por todos los medios de arreglar la llegada de más profesionales desde el extranjero, pero los daños a la infraestructura del país que provocó el terremoto están dificultando muchas de las iniciativas. Hasta salas de ginecología se han convertido en depósito de cadáveres.