Tocumen un aeropuerto para ir de compras

Hay gente que viaja de un país a otro sin salir del aeropuerto: sólo van de compras. El caso del aeropuerto de la Ciudad de Panamá, uno de esos "ombligos del mundo" que quedan en Latinoamérica. Una catedral del consumo.

Un aeropuerto shopping. Foto: MDZ
Un aeropuerto shopping. Foto: MDZ

Alina vive en San José de Costa Rica, a 510 kilómetros de la Ciudad de Panamá. La distancia parecerá escasa –es casi como ir a Río Cuarto desde Mendoza, por ejemplo- pero se trata de dos países diferentes de Centroamérica.

Si el viaje se hace en avión, lo que hay en el medio es más tiempo en trámites, espera, migraciones y aduanas que en el aire.

La cuestión es que Alina y Juan Carlos, su marido, una vez al mes cumplen con el hábito ya asumido de ir de compras aTocumen.

No se trata de una tienda ni mucho menos de una ciudad. Es el aeropuerto principal de Panamá y una especia de “ombligo del mundo”, como tantos otros: el JFK de Nueva York, el Heathrow de Londres y tantos otros. Pero este tiene sabor latino, “azúcar”, como dirían en el Caribe.

Recostado sobre el costado Pacífico del país – istmo, el aeropuerto es un revuelo constante: las estrellas que juegan de locales en América Latina pasan constantemente por allí.

De hecho, durante nuestra estadía, lo hace una desconocida (para casi todos) María Eugenia Ritó quien pasa junto al remolino que rodea al altísimo de Juan Luis Guerra.

Los más cholulos/las ni parpadean con tal de no perderse a algún famoso que pueda pasar por allí.

No es el caso de Alina.

Docente, ayuda en la economía del hogar a su esposo, quien trabaja como gerente de una empresa “tica”, costarricense en la jerga.

“Es más barato”, nos dice como único secreto y motivo de su visita mensual al aeropuerto sin, siquiera, bajarse a la ciudad.

“Nosotros llegamos –relata- comemos algo, recorremos los locales comerciales y llevamos la ropa que le hace falta a la familia (tiene 3 hijos en edad escolar que se quedan, generalmente, con sus suegros) y cuando vemos alguna oportunidad, por ejemplo en perfumería o en artefactos eléctricos, también lo hacemos”.

Tiene en la cabeza un mapa detallado de este tremendo aeropuerto que funciona como un shopping con aviones en la playa de estacionamiento.

Poca gente espera su vuelo sentada; lo hacen comprando en los locales.

“Antes –se refiere a 10 años atrás- esto era como un gran mercado de pulgas (un persa, bah) y lo que veníamos a buscar eran tennis (zapatillas). Aquí todos sabíamos que podíamos hallar los tennis más baratos del mundo y de las marcas más prestigiosas a la vez”.

- ¿Y hoy es así?

- ¡Claro que lo es! Pero todo se ha vuelto bastante más organizado

Alina sostiene que no es la única con esa manía de consumo. De hecho, se nota que no miente. La gente circula de un local comercial a otro y carga paquetes hasta en los hombros en una imagen similar a la que –imagino- proyectábamos los argentinos en Miami hace algunos años, en las épocas del “deme dos”.

Un hombre amplio de cuerpo, habano a flor de labios, camisa negra fuera del pantalón que apenas deja ver unos mocasines blancos, acomoda su sombrero Panamá y exige que le llenen la valija de botellas de whisky. La escena es convocante y varios nos reunimos a mirar esa orgía alcohólica. Pero el asunto fue así: quien se llevara la valija llena de esas botellas de esa marca, se llevaría de regalo la mismísima valija. “Una ganga”, debe haber pensado el hombre y varios más que esperaban turno para hacer lo propio.

Con los paquetes en la mano, ya está todo listo para que Alina retorne a Costa Rica y otras decenas de miles, sigan con su conexión a los lugares más diversos del globo. Los primerizos lo hacen con una certeza: si la cuestión es consumir y a buen precio, hay que volver a pasar por Tocumen, haciendo escala hacia cualquier otra ciudad.

Los más cancheros usuarios de las instalaciones ya lo saben y se muestran satisfechos. Saben que volverán y, ansiosos, ya piensan hacia qué rubros se inclinarán en la próxima vuelta por el aeropuerto que es un shopping.