Todas y todos podemos ser modelos

Tiene 26 años y es el creador de una agencia de modelaje millonaria en Canadá. Su objetivo con esta empresa es intentar convencer al mundo de que todas las mujeres y hombres, sea cual fuere su físico y cara, pueden ser modelos.

Bajo la consigna todos pueden ser modelos.
Bajo la consigna todos pueden ser modelos.

Oprah Winfrey, la conocida animadora de televisión norteamericana, -vestida de gasa aquel día-, ayudó a crear la imagen que hoy lo envuelve como un halo. "¡Aren't you something!", le dijo impresionada después de media hora de conversación, frente a millones de televidentes. Él, con aplomo inusual para un veinteañero, le contestó con simpleza:
-No es que me crea alguien especial, sólo he hecho lo que siempre quise hacer, ya desde los 14 años.

No era broma.

El actual gerente general y fundador de la agencia de modelos más revolucionaria del mundo angloparlante -incluidos Estados Unidos, Gran Bretaña y Canadá- es un delgado creativo que usa corbatas angostas, estudia en Cambridge y conquista con sus maneras sofisticadas.
Ben Barry cumplió 26 años este febrero, y su agencia de modelaje -establecida en Toronto, pero con conexiones en más de quince países del mundo- tiene doce exactamente.

Con sencillez cuenta, desde sus millonarias oficinas en la mayor ciudad canadiense:
-Fundé mi negocio cuando yo apenas dejaba los pantalones cortos. Fue por absoluta casualidad, nunca pensé que esto podría ocurrirle a nadie de catorce años. Una gran amiga mía fue rechazada como modelo en una agencia por tener cinco kilos de más. Cuando lloró durante horas, comencé a sentir fuertemente el sinsentido de la situación. Mi amiga era entusiasta, bonita, inteligente y quería trabajar. ¿Por qué cinco kilos la marginaban? ¿Y qué pasaba con todas las mujeres como ella? ¿Acaso la ropa que los diseñadores creaban no debía venderse?

¿Quiénes la comprarían, sólo modelos?

Durante la noche comenzó a sentir algo raro en el estómago, que llamó inquietud, una comezón que no lo dejó dormir. No le importaba nada tener sólo catorce. Decidió mandar la foto de su amiga a otra agencia, y ésta fue aceptada. "Cuando la acompañé a la entrevista, me preguntaron si yo era su agente en el mundo del modelaje. Contesté que sí. Ella encontró trabajo como modelo y yo pasé a tener un nombre como su representante. Había entrado a esa oficina como estudiante y salí como profesional. Ahí mismo decidí fundar mi compañía de modelaje. Pero iba a buscar mis modelos en la calle, mujeres normales, con garra, con gusto y de todos los colores imaginables. Tal como es la vida".

Él ganó una profesión -que aún tenía que fabricarla a pulso- y su destino quedó marcado. Doce años después, Ben Barry es Bachiller en Artes, tiene un máster en Economía y Negocios de la Universidad de Cambridge, está a punto de sacar su doctorado y es millonario. Ha escrito dos libros, el primero, un bestseller en el mundo anglo, Fashioning Reality. Fue elegido entre los líderes juveniles de su país, ha dado entrevistas para Oprah Winfrey, CNN, The Guardian, The Times of India, MTV, CBC Sunday, The Financial Times y The National Post. Fue un exitoso columnista en The Globe and Mail y es el único canadiense -nació en Ottawa en 1983- en haber ganado el reconocimiento del Gobernador General de Canadá por su campaña en pro de la igualdad y la no discriminación femenina. También forma parte del directorio de la Fundación para la Salud de la Mujer en Canadá.

En simple, Ben Barry es un hombre cuyos intereses se centran exclusivamente en el mundo femenino. Un experto en el sexo opuesto, a quien la industria de la moda y la de los negocios le paga caro por su expertise, valorado en el mercado en millones de euros.

Los secretos de Ben

Su manera de mirar al mundo ha marcado la senda de su resonante éxito. Una mirada original que sorprendió a una industria multimillonaria y glamorosa que en más de 80 años nunca había modificado sus estándares ni menos sus parámetros. Para este joven canadiense de hablar suave, "era obvio que existía un punto de unión entre el criterio no discriminador de las mujeres y la necesidad de la industria de ganar dinero. Sólo había que ponerlo en evidencia". De eso se encargaron él y su equipo. Recuerda:

-Lo que era necesario relevar era simple sentido común: si en un desfile o mirando una vitrina, una mujer imagina que esa ropa le quedaría bien, aunque no tenga un cuerpo perfecto, ¡volará a comprarla! ¡Cuántas potenciales clientas debe haber perdido la industria de la moda sólo por mostrarla en modelos de talla irreal! Yo me limité a juntar los dos conceptos".

Para hacerse escuchar en la industria de la moda, Barry entendió que debía aprender el lenguaje de quienes le daban forma. No bastaba convencer a empresarios, diseñadores y fotógrafos desde la salud, la educación o la sociología: eso ya se había hecho y sin mucho éxito.
Había que manejarse a la perfección en cifras y tendencias, entender de gráficos de venta y ser un experto en números. En el 2005 ya estaba estudiando su Máster en Economía y Negocios en la Universidad de Cambridge, y convirtiéndose en un gurú del dato puro y duro. Y este 2009 estudia, entre desfile y desfile, su doctorado. Internándose por el mundo del business y uniéndolo al glamour, el empecinado creativo dio en el clavo.

Y el mercado le dio la razón

Barry Models Agency es hoy grito y plata en los cinco continentes. Factura millones de dólares y tiene entre sus exclusivos clientes a Armani, Coca-Cola, L'Oréal, Macy's, Nike, Sears, Cheri Milaney y The Hudson's Bay Company. Cuando la conocida marca de jabones y cremas Dove lanzó su novedosa campaña, Ben Barry proveyó las modelos -encontradas en calles, oficinas y universidades- para las fotografías.

Para el público, fue impactante. Nunca se había visto a mujeres de pelo blanco o con ligero sobrepeso en una gigantografía instalada en la vía pública o en la televisión. Sólo seis meses después de que los afiches y propaganda televisiva aparecieran, Dove registró un 700% de aumento de la venta de los productos publicitados. Un boost que ninguna modelo clásica habría podido conseguir.

Otro ejemplo flagrante del éxito de su idea lo retrató la diseñadora canadiense Cheri Milaney. Sólo unos meses después de que Ben proveyera a las modelos para su colección en el Toronto Fashion Week, sus cifras de venta crecieron en 600 por ciento en relación al año anterior.
Él insiste en la teoría del sentido común:

-Si una compañía cosmética a nivel mundial quiere vender sus tinturas de pelo a mujeres entre 15 y 60 años, no puede fotografiar exclusivamente a modelos de 22 años de pinta perfecta y piel de durazno. Necesita mostrar su producto en mujeres iguales a quienes lo comprarán: algunas de quince o 22, otras de 40 o de 60. Personas normales -no por eso feas o poco atractivas- que recuerden a sus clientas que ellas son normales y también pueden tener maravilloso pelo.

Entra la psicología

No es casualidad que hoy Ben Barry, considerado en Estados Unidos, Canadá y Europa como el pionero de esta nueva mirada inclusiva de las mujeres en la moda, trabaje con sicólogos y siquiatras. Su afinidad de tres años con la célebre sicoterapeuta y sicoanalista inglesa Susie Orbach, concentrada también en el rescate de la mujer real, no sólo estuvo detrás de la campaña Dove. Hasta hoy trabajan juntos -ella desde Londres, él desde Toronto- implementando y actualizando el sitio web anybody.com, entregando pautas y criterios de integración en el mundo femenino.

El canadiense admira profundamente a Orbach, quien ha escrito y difundido más de una decena de libros sobre candentes temas femeninos:

-La conocí en el 2006, cuando estudiaba en la Universidad de Cambridge. Siempre había querido trabajar con ella, me sabía todos sus libros de memoria desde muy joven. Era obvio que teníamos, desde siempre, las mismas coordenadas y compartíamos una determinada mirada.

El encuentro fue provechoso para ambos y fortaleció el trasfondo de la cruzada de Ben frente a industriales y diseñadores.

Siempre precoz, recuerda sus difíciles inicios. A los 17 años recién tuvo suficientes clientes para dejar la pequeña buhardilla familiar e inaugurar su propia oficina en el centro de Ottawa, a pasos de las tiendas céntricas.

-Sólo al cumplir dieciocho años, me atreví emigrar desde mi ciudad natal a Toronto, la principal ciudad de Canadá, donde la industria de la moda es gigantesca. Tenía 22 cuando la gente de Dove escuchó una conferencia que di sobre desórdenes alimentarios. Me contactaron para su incipiente campaña porque de inmediato vieron los puntos en común. Trabajamos juntos muchos meses y fue un tremendo éxito comercial en todo el mundo".

Un éxito que ya no paró. Y que el tímido Ben goza, sin perder jamás de vista que su cruzada ha resituado a las mujeres en la moda por primera vez en más de medio siglo.
 

Fuente Diario El Mercurio