A Gordon Brown le queda todavía un año. Y si en ese tiempo no se produce un milagro político, el primer ministro británico tendrá que hacer las maletas y dejar el número 10 de Downing Street al líder de la oposición, David Cameron.
Según los medios británicos, el 6 de mayo de 2010 los ciudadanos del Reino Unido serán convocados a las urnas. Y actualmente todo parece indicar que el Partido Laborista, en el poder desde 1997, acabará con su era de gobierno de la mano de Brown.
Pese a que hace unas semanas el premier recibió un impulso al lograr presentarse como exitoso anfitrión en la cumbre financiera del G20, desde entonces todo le ha salido del revés, en su partido hierven los ánimos y su liderazgo cae en picado.
En realidad, no se ha producido ninguna catástrofe o acontecimiento irreversible recientemente que haya arrojado dudas, incluso entre los defensores de Brown en el partido, sobre si es el hombre adecuado para liderar a los laboristas. Más bien fueron errores caseros, averías y estimaciones fallidas, las que echaron a perder la cosecha interna del G20 y desataron los cabezazos.
Primero el asesor estratégico de Brown se estrelló con una campaña de trapos sucios sobre las intimidades de políticos de la oposición, y Brown tardó días en disculparse. Después, el premier sufrió su primera derrota en el Parlameto, porque no contaba con que 27 diputados laboristas votaran a favor de la oposición en la cuestión sobre el derecho de residencia a un soldado de élite nepalí. Y finalmente, sus planes de reformar el sistema de remuneración de los diputados tampoco despiertan muchas simpatías a su favor.
Las críticas entre sus propias filas no han tardado en llegar. El ex ministro del Interior Charles Clarke declaró que se siente "avergonzado" de ser diputado laborista, un miembro del gobierno criticó la falta de decisión y organización del premier, otro integrante del gabinete se quejó de que los mensajes políticos ya no llegan a los votantes y un portavoz laborista dijo que Brown "es bueno en cuestiones económicas, pero no en política".
Muchos laboristas ya dan por perdidas las inminentes elecciones regionales y al Parlamento Europeo en junio. Y la mayoría también ven muy negro el panorama para los comicios parlamentarios de 2010. En las encuestas, el partido de Brown se sitúa por debajo del 30 por ciento, mientras que el respaldo al líder de los tories, Cameron, supera en ocasiones el 40 por ciento. Jamás había habido tanta distancia a un año de las elecciones.
Incluso si la economía se recuperara con el cambio de año, como prevé el ministro de Finanzas, Alistair Darling (aunque muchos expertos lo duden), puede que ya no baste para Brown. Como su gobierno está vinculado a la lucha contra la crisis económica, los votantes no saben cómo sería una cuarta legislatura laborista.
Así, parece que habrá un salto de página, al menos para Brown. Ya son algunos los laboristas que opinan que su líder debería irse hoy mejor que mañana. El problema es que estos rebeldes todavía no están seguros de contar con diputados suficientes para derrocar a Brown. Pero como muy tarde tras las elecciones al Parlamento Europeo, la discusión sobre si piden o no la dimisión de Brown subirá al rojo vivo. Después, el objetivo será limitar los daños y hacer más llevadera la derrota en los comicios de 2010.
Y mientras el otoño pasado (boreal) el ministro del Exterior, David Miliban, se perfilaba como el candidato con más posibilidades de suceder a Brown, ahora cada vez suena más el nombre del ministro de Sanidad, Alan Johnson. Éste, de momento, mantiene la prudencia. Aunque nunca fue miembro del club de fans de Brown, como declaró en una entrevista, cada vez lo admira más "a medida que observa de cerca su trabajo".
La caída en picada de Gordon Brown
En Inglaterra la imagen del primer ministro viene sufriendo dese hace tiempo. Si bien hace unas semanas el premier recibió un impulso por ser el anfitrión en la cumbre financiera del G20, desde entonces todo le ha salido del revés, en su partido hierven los ánimos y su liderazgo cae en picado. Si no cambian las cosas, en las próximas elecciones podría ganar la oposición.