La familia de Alan Pérez, un joven valenciano en coma vegetativo desde 1994 se ha planteado la posibilidad de solicitar que dejen de alimentarlo, al haber perdido toda esperanza de que pueda despertar. El caso de Alan es similar al de la italiana Eluana Englaro, que ha generado una gran controversia a raíz de la batalla legal ganada por su padre para dejar de alimentarla después de 17 años en coma, según informa el periódico español Información.es.
Edith, hermana de Alan, confiesa desde Tavernes Blanques, donde vive, que después de escuchar y leer el caso de la italiana Eluana sintió "la necesidad" de contar su historia, y no duda en responder afirmativamente a la pregunta de si, después de 15 años de calvario, ella sería partidaria de dejar de alimentarlo: "Es que Alan no vive. Eso no es vida", argumenta.
Alan Pérez y sus tres hermanos son hijos de un matrimonio de españoles que emigraron a Francia, él valenciano y ella andaluza. Entre 1988 y 1989 Alan y Edith regresan a la tierra de sus padres y se quedan a vivir en Valencia.
La tragedia llegaría en marzo de 1994, cuando el joven, que tenía entonces 26 años, sufre un accidente de tráfico en el paseo de la Petxina. El golpe en la cabeza y la parada cardiorrespiratoria le provocó un coma del que ya no se ha vuelto a recuperar. Primero estuvo en el Hospital La Fe y después en Portaceli, pero al año y pico sus padres optaron por llevárselo a Francia para ingresarlo en un centro cercano a su residencia. Edith dice que, desde entonces, le visitan a diario con la esperanza de un milagro que no se ha producido. El pasado domingo, 14 de febrero, Alan cumplió 41 años, y el 15 de marzo hará quince que está en coma vegetativo.
Edith confiesa que, al principio, tenía una mínima esperanza de que las cosas pudieran evolucionar a mejor, que los médicos se equivocaran y su hermano se recuperara, pero con el paso del tiempo la llama se fue apagando.
El año que su hermano pasa en Portaceli es cuando, en palabras de Edith, se produce "la revolución", es decir, surge la desconcertante idea de que habría sido mejor que su hermano hubiese muerto en el accidente.
Con tantos años transcurridos, en la familia ya se ha producido el debate. "Esto acaba trastornando a cualquiera", confiesa Edith, cuando dice que tanto ella como su madre Lola y sus dos hermanos se han planteado pedir a los médicos que dejen de alimentarlo y pongan fin a su vida. Su padre Enrique, en cambio, "ni siquiera quiere oír hablar de ello. No quiere admitir la realidad".
A diferencia de lo ocurrido en el caso de la joven italiana, Alan no dejó un testamento vital con la petición de que, llegada la situación en la que está, no se le prolongara la vida.
Fotos: Gentileza Información.es