Los cuidadores del santuario de vida marina de Norfolk, Inglaterra, nunca pensaron encontrarse con semejante dilema: tuvieron que ajustar el ecosistema de George, el tortugo marino, para no quitarle la comida que le habían dado, ya que le cayó tan mal que sus gases hacían detonar la alarma de su estanque.
George, un tortugo marino que pesa unos 46 kilos, es aficionado a los repollitos de Bruselas con los que sus cuidadores vienen alimentándolo hace una semana. Pero la verdura le generó semejante flatulencia al animal que tuvieron que bajar en nivel del agua de su tanque porque las burbujas que se producían activaban a cada rato la alarma de emergencia, según el sitio inglés The Sun y que reproduce minutouno.
Después de que un encargado tuviera que acudir en el medio de la noche al Sea Life Centre porque sonaba el artefacto ubicado al borde del estanque de George, la jefa de personal, Christine Pitcher, resolvió bajarle el nivel del agua para que no nadara tan cerca de la alarma. "Producía tantos gases que disparaba la alarma, que estaba justo a la altura de la superficie", explicó la especialista.
Ahora, el tortugo podrá seguir disfrutando de sus repollitos de Bruselas sin que sus gases mantengan en vilo a sus cuidadores.