Copenhague. Puede que el mundo sobreviva a la Conferencia de las Partes de Naciones Unidas (COP15), pero si los ricos se aferran a su egoísmo y se impone la irresponsabilidad, el cambio climático marcará el comienzo del fin.
Algunos, todavía más lapidarios dicen que la humanidad no resistirá un fracaso de la Cumbre de Copenhague, otros dejan abiertas las esperanzas de una conciliación. Sin embargo, los vientos optimistas de los primeros días cesaron.
En el ecuador de la COP15, que en cifras es extraordinaria, las apuestas van ahora dirigidas a quienes en esencia decidirán al menos en los aspectos técnicos, los ministros y altos funcionarios de Medio Ambiente de los 192 países participantes en el evento.
Ciertos elementos son bastante claros para todos: impedir que las temperaturas suban por encima de los dos grados celsio; reducir por lo menos a un 40 por ciento la emisión de gases tóxicos; frenar la deforestación; y ayudar a los más pobres.
Ese último aspecto es a todas luces el más peliagudo, cuando el intercambio de recriminaciones se hizo casi insoportable en el palacio de los congresos del Bella Center, donde se aguarda por 110 jefes de Estado o Gobierno para el 17 y 18 de diciembre.
El Grupo de los 77 (G77 más China), se confesó relativamente pesimista. "Las cosas no van nada bien. La conferencia va a fracasar por las malas intenciones de algunas personas", remarcaron sus voceros.
Dinamarca, el anfitrión, se convirtió en la manzana de la discordia con un borrador que circuló por el Bella Center en línea dura de ataque contra los países emergentes. Y manos de seda para los compromisos del bloque de los ricos.
Los intentos de los daneses por restar importancia a sus propuestas no fueron escuchados. Simplemente el mal ya estaba hecho y quedó en claro la postura del Norte de culpar a otros, sin asumir la carga financiera necesaria para enfrentar el fenómeno.
En todo caso, el diapasón de Copenhague y sus expectativas permitió escuchar a voces casi siempre acalladas ante la falta de protagonismo en los medios, como los pequeños estados insulares, amenazados por la subida de las aguas océanicas.
La denominada Alianza de Estados Insulares (AOSIS) circula un proyecto de acuerdo mundial sobre el clima con el claro objetivo de limitar el alza de las temperaturas del planeta a 1,5 grados centígrados.
Piden recortar en un 85 por ciento de aquí al 2050 las emisiones de gases de efecto de invernadero y que los termómetros nunca lleguen a los dos grados porque tendría consecuencias devastadoras para las islas donde residen más de 40 millones de personas.
El vicepresidente de AOSIS, el caboverdiano Antonio Lima, comparó el cambio climático con la erupción volcánica del Vesubio hace más de dos mil años que hizo desaparecer a la ciudad italiana de Pompeya.
"No sabían a lo que se enfrentaban. Ahora sabemos lo que va a suceder, y todo el Planeta será Pompeya", sentenció.
El embajador brasileño sobre cuestiones del medio ambiente, Sergio Serra, enfatizó que sin dinero es imposible pensar seriamente en un Protocolo de Copenhague. Apenas una muestra de la frustración que se vive aquí.
Para completar su punto de vista y en referencia directa al monto aprobado por la Unión Europea, Serra señalaba: estamos preocupados; esos números a corto plazo son bienvenidos, pero insuficientes, los países en desarrollo esperan compromisos hasta 2020.
Francia y Gran Bretaña anunciaron el viernes en Bruselas que ofrecerán un total de mil 600 millones de euros (2.200 millones de dólares) de 2010 a 2012 para ayudar a los países pobres a combatir el cambio climático.
En suma, el bloque comunitario aportará dos mil 400 millones de euros anuales para paliar el problema. No obstante, la cifra todavía no llena las expectativas ni los requerimientos, aunque es mejor que la de Estados Unidos, opinaron fuentes diplomáticas.
Una de las mayores insatisfacciones globales viene del director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), Jacques Diouf, un mes después de celebrar una cumbre en Roma.
Sus advertencias son conocidas y ya tiene amarga experiencia de promesas multimillonarias de los ricos que luego se dilatan y no se cumplen en general. Mientras tanto, más de mil millones de personas están en la hambruna en el orbe.
Diouf demando de la COP15 a situar la lucha contra la pobreza en el centro de las negociaciones, al argumentar que el hambre es la primera consecuencia del cambio climático.
"Es urgente que la comunidad internacional se comprometa para que los países más vulnerables puedan emprender estrategias de seguridad alimentaria", precisó.
Fuente Prensa Latina