Una consulta inédita

El analista Juan José Lima escribe desde ese país sobre el comicio donde se somete a votación la nueva Constitución, impulsada por Evo Morales. Los bolivianos votan en un clima de paz, pero sin pleno conocimiento del nuevo texto constitucional.

El referéndum de hoy plantea dos dudas a los bolivianos. La primera referida a un artículo de la Nueva Constitución (398) sobre la superficie máxima permitida de una propiedad rural que consulta a la población respecto al límite de cinco mil o diez mil hectáreas. Sobre este tema prácticamente no ha existido ningún debate ni información para orientar o educar sobre la decisión a tomarse.

La segunda consulta -la más importante- se refiere a la aprobación integra del nuevo texto constitucional, sobre esta consulta vista a la mitad de la jornada electoral se pueden afirmar algunas impresiones:

- La gente acude a votar de forma pacífica, no existen enfrentamientos violentos y tampoco los discursos de los diversos sectores amenazan confrontación o separación. Este aspecto, parece ser el más importante en un país sobre el que durante los últimos años se ha escrito mucho y muchas especulaciones sobre guerra civil o separación se han escuchado, el pueblo boliviano acude hoy a las urnas no para dividirse sino para fijar las reglas de la vida en común.

- En general el voto de la población es un voto por consigna, por afinidad o rechazo al gobierno o por convicción con el proceso de cambio. Muy poca gente conoce y entiende la totalidad del nuevo texto constitucional y menos aún conocen el texto vigente (con antigüedad de más de cuarenta años). 

-Por  primera vez en la historia de Bolivia se consulta al pueblo su opinión sobre la totalidad del texto constitucional y por primera vez también la mayoría de sus redactores (reunidos en una Asamblea Constituyente)  fueron indígenas, líderes sociales y obreros reunidos con absoluta libertad. Sin embargo, aún así no puede considerarse que esta sea una constitución absolutamente consensuada, queda pendiente una construcción real que desde los barrios exprese los deseos de la totalidad de la población, un proceso profundo de democratización legislativa que sin duda no fue posible por la coyuntura actual boliviana. La gente no conoce el texto por lo que el referéndum tiene una enorme carga de respaldo o rechazo al Gobierno.

- Los grupos que rechazan la nueva constitución no apoyan al texto vigente, en general todos reconocen la necesidad de un cambio en la gestión del gobierno, que descentralice el poder, que reconozca una serie de derechos conquistados, etc. Pero las campañas por el NO a la Constitución no dejan claro como es que mantener el texto vigente de la Constitución podrá favorecer los intereses que defendieron estos años de conflicto, en concreto todos los departamentos (provincias) cuyos líderes lucharon por la Autonomía ahora propugnan un rechazo al texto constitucional, aunque la continuidad de la constitución vigente no admite ninguna posibilidad a gobiernos autónomos.

- La falta de una oposición organizada ha derivado en que los grupos cívicos y políticos que propugnaban la autonomía ahora se cobijen bajo los principios de la Iglesia Católica y bajo la figura del Cardenal Julio Terrazas como símbolos del NO a la constitución. La Iglesia se ha mantenido cauta al respecto y no existe ningún pronunciamiento a favor o en contra del texto constitucional, pero muchos miembros de su jerarquía han apoyado abiertamente el voto por el NO, en medio de la desinformación sobre el texto constitucional la oposición ha planteado la elección (falsa y repetida en otros procesos similares en Latinoamérica) entre Dios y la Constitución. El resultado se conocerá en pocas horas y en el fondo el triunfo por el SI no será más que la ratificación de la población a  un plan de gobierno de Evo Morales y el MAS por las próximas décadas. Esto puede resultar bueno o no, pero al menos hoy son los bolivianos los que por primera vez deciden sobre su futuro y el de sus hijos.