Barack Obama anuncia su candidatura a la Presidencia en febrero de 2007. Alguien le ha dicho que a veces uno elige el tiempo y a veces el tiempo lo elige a uno. Tiene que derrotar en las primarias demócratas a Hillary Clinton, que en el imaginario popular es, desde hace meses, “la” candidata. ¡Qué histórica elección –dicen los medios- una mujer y un afroamericano! Gana el afroamericano.
Obama ya es el candidato demócrata a la Presidencia y debe vencer a John McCain con la única arma de su mensaje. Sostiene que Estados Unidos necesita cambio (change we need), que la transformación es posible (yes we can) y que no hay que tener miedo sino esperanza (hope not fear), porque todo puede lograrse. Obama quiere que lo que yo acabo de poner entre paréntesis se machaque como el maíz, quiere que aparezca en carteles y que se repita como mantra, quiere invitar a la gente a que se atreva y vaya con él en otra dirección (en economía, en energía y protección del medioambiente, en relaciones internacionales, en salud, en educación). Necesita una campaña y sabe cómo debe ser.
Debe ser una campaña positiva: no se dedicará a atacar sino a comunicar su mensaje. Las críticas serán a los programas de McCain y al 90% de veces que éste votó a favor de Bush durante los últimos ocho años. Cuando tenga la oportunidad de saltar a la yugular no lo hará: si le preguntan qué opina sobre la capacidad de Sarah Palin para ser vicepresidenta, contestará que eso lo tienen que evaluar los ciudadanos cuando voten.
Debe ser una campaña programática: no tratará de carismatizarse y sólo hablará de su biografía (niño pobre, hijo de madre blanca y padre negro, criado por abuelos sacrificados, egresado de las mejores universidades) para ilustrar el Estados Unidos en que con esfuerzo todo es posible.
Debe ser una campaña incluyente: no usará electoralmente el tema de la raza, no incitará al desprecio por los que que no piensan o no son como él, no hablará para entusiasmar a sus seguidores –aunque se entusiasmen- sino para convencer con sus planes a los que todavía no lo son.
Debe ser una campaña proactiva: se mantendrá concentrado en transmitir su mensaje, sin perder tiempo defendiéndose de los ataques de la campaña de enfrente: que no tiene experiencia (entiéndase por eso que “Obama es joven”); que no tiene la banderita en el ojal, que su esposa Michelle ha dicho que por primera vez se siente orgullosa de su país, que su pastor predica “cosas feas” de Estados Unidos (entiéndase por eso que “Obama no es patriota”); que su segundo nombre es Husein, que ha ido a una cena en la que se encontraba un sospechoso personaje Tal, que ha formado parte de un comité en el que estaba un terrible personaje Cual, que ha dicho que va a conversar con los enemigos (entiéndase por eso que “Obama es pro-terrorista”); que quiere aumentar los impuestos a los ricos e invertirlos en salud y educación pública (entiéndase por eso que “Obama es socialista” y malentiéndase el socialismo como si fuera un crimen).
Y por último, la campaña debe ser organizada y eficiente: usará la tele como cualquiera pero la Internet como ninguno. Con barackobama.com y una lista de direcciones electrónicas a) comunicará sus decisiones y los diversos acontecimientos (como la elección de Joe Biden para vicepresidente); b) pedirá voluntarios y les encargará las tareas (llamar por teléfono, visitar casa por casa, viajar a otros estados); c) juntará fondos pidiendo 5 dólares o más y vendiendo o entregando productos obamáticos (remeras para la dama, gorras para el caballero, stickers para el auto); d) hasta organizará reuniones para que la gente vea los debates y los discursos en distintos puntos de encuentro. Por supuesto, cada destinatario recibirá correos electrónicos o mensajes de texto personalizados con su nombre de pila y firmados por Barack, o Michelle Obama, o Joe Biden, o algún dirigiente de la campaña.
Es la noche del 4 de noviembre y estoy atornillada frente al televisor. Hace unos minutos han anunciado que Barack Obama es el Presidente Electo. Escucho el sonido de un e-mail que llega a mi laptop y leo el siguiente mensaje (la traducción es mía):
Fabiana --
Estoy a punto de irme a Grant Park para hablar con todos los que se han juntado allí, pero primero quería escribirte.
Acabamos de hacer historia.
Y no quiero que te olvides de cómo lo hicimos.
Tú hiciste historia todos los días durante esta campaña – cada día golpeaste puertas, hiciste una donación, o hablaste con tu familia, amigos y vecinos sobre por qué creías que es tiempo de cambiar.
Quiero agradecer a todos los que pusieron su tiempo, talento y pasión en esta campaña.
Tenemos mucho trabajo que hacer para encarrilar nuestro país, y pronto te comunicaré lo próximo.
Pero quiero ser muy claro sobre una cosa...
Todo esto pasó gracias a tí.
Gracias,
Barack
Yo lo único que he hecho es mandarle una opinión y conseguirle un voto. Vuelvo a la tele sintiéndome culpable. Obama va a pronunciar su discurso de la victoria en un parque de Chicago, ante 150,000 personas que lloran y gritan “sí pudimos” en vez de “sí podemos”. Obama saluda y agradece la felicitación que McCain le acaba de dar. Establece que es el presidente de todos. Insiste en que no hay estados republicanos y estados demócratas, sino Estados Unidos de América. Dice que las elecciones no las ganó él sino la gente, y que no se trata de un triunfo sino de un desafío: la posibilidad de cambiar. Avisa que habrá que hacer sacrificios y cuidar los unos de los otros. Promete escuchar a los que disienten y decir la verdad. Obama no festeja, no se jacta, no se burla, no baila. Se ve moderado, respetuoso, humilde, conciliador y concentrado en lo que vendrá. Barack Obama se parece a su campaña, que los analistas políticos ya empiezan a llamar “modelo”.
La campaña de Obama, un nuevo modelo
La autora es mendocina, profesora de Letras y vive desde hace algunos años en Estados Unidos. Desde allí, nos aporta su lúcida visión sobre el fenómeno Obama, contado su experiencia desde su rol de votante. La cuestión racial, las relaciones de Obama, y la campaña "positiva" que llevaron a Barack a la cima.