Aunque así lo aparente, no todo es color de rosa a nivel electoral en los Estados Unidos.
El país al que pomposamente le gusta que lo consideren “padre de la democracia” no posee, por ejemplo, un sistema de elección directa.
Esto quiere decir que, aunque un candidato alcance los votos necesarios, eso no quiere decir que el Colegio Electoral vaya a ser el presidente.
Cada una de las cincuenta y un instancias compuestas por los 50 estados más el Distrito de Columbia, tiene un número de delegados al colegio electoral equivalente a sus representantes en el Congreso.
De tal manera que lo que dictan las encuestas y, ni siquiera los crudos resultados finales, representan un mandato absoluto.
Alaska, por ejemplo, tiene 3votos electorales (dos senadores y un diputado). Mientras que California constituye el mayor aportante debido a que es el estado más grande, con 55 votos electorales.
Así es que ocurre que en la mayoría de los estados, quien gana la elección, gana todos los votos electorales.
Pero aun está vigente el recuerdo de los resultados del año 2000, que le frustraron la presidencia al demócrata Al Gore y que hicieron repetir a George Bush hijo.
En aquella oportunidad, los 27 votos electorales de Florida fueron para los republicanos, que en teoría –ya que se produjo una disputa judicial que permanece- ganaron por menos de 550 votos a boca de urna.
¿Cuántos delegados requerirá Obama o McCain para consagrarse presidente?
Se requieren 270 votos electorales para ganar la elección y no importará mucho, en realidad, a cuál beneficie el voto popular.
Por ejemplo, en el año 2000 Al Gore sacó más de un millón de votos individuales más que Bush, perdiendo por las mañanas de Florida. Como Gore perdió en su propio estado, Tennessee, no pudo desequilibrar el colegio electoral.
Los bemoles electorales estadounidenses
En la que se conoce como "la mayor democracia del mundo" no gana el que saca más votos, sino el que consigue más delegados electorales.