Una novela de un sólo capítulo con final ¿feliz?

En una primera lectura, el presidente Alvaro Uribe aparece como el gran perdedor de esta jugada. Después de dejar a Chávez fuera de la mediación con las FARC tiene que aceptarlo con comisionados internacionales y director de cine, Oliver Stone, incluido. Esta columna fue publicada en el diario "El Nuevo Herald", de Miami.

Nadie puede dejar de alegrarse de la liberación de dos mujeres y un niño nacido en cautiverio. Pero tampoco sería bueno dejar de analizar cómo se llegó hasta este punto y cuáles serán las consecuencias de lo sucedido.

En una primera lectura, el presidente Alvaro Uribe aparece como el gran perdedor de esta jugada. Después de dejar a Chávez fuera de la mediación con las FARC tiene que aceptarlo con comisionados internacionales y director de cine, Oliver Stone, incluido.

Hugo Chávez, golpeado por el rey de España y la derrota en el referendo, toma un segundo aire y ocupa el centro de la escena. Tolerante, cariñoso, con estilo de predicador electrónico, disfruta su momento. Las FARC le han servido el plato de la victoria en bandeja para golpear a Uribe y él lo disfruta.

El ex presidente argentino Néstor Kirchner vuelve al protagonismo y se recupera del valijazo que le propinó Antonini Wilson.

Hasta acá, todo simple y sencillo. Pero no se pueden obviar algunos elementos. Si bien el gobierno de Alvaro Uribe se ha visto golpeado por acusaciones de nexos con grupos paramilitares, razón por la que el Congreso de Estados Unidos frena su aspiración al tratado de libre comercio, no es menos cierto que fue elegido dos veces en elecciones limpias.

Es probable que, hace cuarenta años, las FARC se fundaran sobre aspiraciones de igualdad y justicia, pero lo cierto es que hoy son una organización criminal que se sostiene en gran parte gracias al narcotráfico y usa métodos de una crueldad escalofriante.

Y vemos con asombro como estos representantes de la comunidad internacional trata a ambas partes con el mismo nivel. Como si fuera lo mismo ganar una elección limpiamente que tratar de llegar al poder con las armas.

El presidente francés Nicolas Sarkozy, con un oceáno por medio, se preocupa por su conciudadana Ingrid Betancourt, lo que no está mal. Pero obvia el hecho de que está negociando con una organización criminal y legitimándola internacionalmente. Algo que no podría hacer, por ejemplo, con la española ETA dada su proximidad con España.

Argentina, tras sus agresiones verbales contra Estados Unidos por el valijagate, queda pegada al grupo que integran Cuba, Ecuador, Bolivia y Venezuela. Se aleja de Washington y no está obligada a buscar cercanías, pero es probable que se lo recuerdan cuando deba negociar con el Club de París o si otra crisis vuelve a golpear a sus puertas.

Brasil está porque debe estar como la gran potencia regional. Pero está con perfil bajo y con un comisionado que no ocupa un lugar preponderante en las estructuras de poder.

Sería bueno tener claro que, después del final feliz que todos esperamos, las cosas volverán a su lugar. A ése de donde nunca salieron. Es decir, cientos de secuestrados seguirán en poder de las FARC, el presidente Uribe deberá seguir enfrentando la situación en su país con los elementos que dispone, Chávez tendrá que lidiar, de una vez, con el desabastecimiento, la inflación y la inseguridad que golpean a los venezolanos.

Y lo que es más terrible, miles de familias colombianas seguirán expuestas a la crueldad y la violencia de guerrilleros, paramilitares y militares. Ya hay tres víctimas a salvo y está bien. Pero miles siguen expuestas a todo tipo riesgo y es una vergüenza.