Apuntando centro al blanco equivocado

En virtud de las próximas elecciones en Estados Unidos, el autor considera que los candidatos "están en deuda con el pueblo americano, porque apoyaron una guerra innecesaria, basada en armas de destrucción masiva que no existían y lazos de Saddam Hussein con Al Qaeda nunca probados. Aprobaron cientos de miles millones de dólares para financiar esa aventura, reduciendo programas sociales y educativos".

Si alquien insiste en pedir una reunión para debatir el problema de los ruidos molestos mientras el condominio es evacuado por un incendio, se le dirá, por lo menos, que no está evaluando correctamente la importancia de los problemas.
Algo de eso sucede con la campaña para las elecciones presidenciales de noviembre próximo en Estados Unidos. Los candidatos se han centrado en debatir sobre la inmigración ilegal, procurando mostrarse uno más duro que el otro. Hasta se han echado en cara tener inmigrantes ilegales trabajando en el jardín.
Están en deuda con el pueblo americano, porque apoyaron una guerra innecesaria, basada en armas de destrucción masiva que no existían y lazos de Saddam Hussein con Al Qaeda nunca probados. Aprobaron cientos de miles millones de dólares para financiar esa aventura, reduciendo programas sociales y educativos.
No controlaron si los métodos usados para combatir el terrorismo violaban la Convención de Ginebra y, lo que es más grave, los principios éticos y morales que debe tener toda nación.
No impidieron el fraude corporativo y no hicieron nada para evitar el desastre hipotecario que se ha convertido en una pesadilla para miles de familias.
Han hecho oídos sordos durante años al hecho de que casi 50 millones de personas en este país carecen de seguro médico. Y que son millones los que teniendo seguros se arruinan por copagos y gastos que las compañías no cubren.
El nivel de la educación sigue decayendo y en el último test mundial Estados Unidos quedó 100 puntos por debajo de Finlandia, el país que encabeza la medición.
La inmigración responde a un estricto sistema de oferta y demanda. Estados Unidos necesita mano de obra y los inmigrantes necesitan trabajo. Uno de los índices de desempleo más bajos de la historia demuestra que no le han quitado puestos de trabajo a los estadounidenses.
Por otra parte, respecto a la seguridad, es muy poco probable que a un terrorista se le ocurra ingresar por la frontera sur de los Estados Unidos, uno de los lugares más vigilados del mundo en este momento.
Y por lo que hace al tráfico de drogas, es también un problema de oferta y demanda. Mientras existan consumidores, los traficantes encontrarán la forma de hacerles llegar su mercadería.
Los inmigrantes, además, no constituyen una carga para los contribuyentes, ya que vienen a trabajar y no a recibir beneficios del Estados. Muchísimos de ellos pagan seguro social y sus impuestos si reciben un salario en nómina.
Hay, sí, que ordenar la inmigración, resolver la situación de quienes están ya en el país, identificarlos y asegurarse de que cumplan las leyes como cualquier ciudadano.
Pero demonizarlos culpándolos de todos los males que nos aquejan es, por lo menos, poco serio. Además de que hacerlo con un discurso lleno de xenofobia, casi cercano al racismo, viola los principios bajo los cuales se fundaron los Estados Unidos.