El Benjamín del Che honra a su padre a bordo de su Harley-Davidson

Emocionado pero ecuánime, Ernesto, el Benjamín del "Che", pasó frente a la tumba de su padre en el memorial en la central ciudad de Santa Clara, en un singular homenaje que rindieron los harlistas cubanos a Ernesto Guevara, en el aniversario 40 de su muerte.

Escoltado por 37 motociclistas guardó un minuto de silencio a la salida del monumento, para después rendir un atronador tributo: aceleró a toda velocidad su moto color rojo vino modelo 45 de 1937, quebrando la solemnidad del sitio.

El Complejo Memorial Ernesto Che Guevara -plaza, monumento y museo- está ubicado a las puertas de Santa Clara, y en él se celebró este lunes el acto central para conmemorar el 40 aniversario de su muerte.

Una aparente contradicción: vestidos de negro como una secta, con grandes cadenas al cuello, los harlistas cabalgan uno de los símbolos de Estados Unidos, todo lo cual combatió el Che Guevara. Pero los motoristas cubanos, amantes de esos aparatos como el Che, son verdaderos coleccionistas.

"Estoy aquí como un harlista más", dijo a la AFP Ernesto, que vestía con una camiseta y jeans azules, y era apenas un bebé cuando el Che partió a Bolivia, en noviembre de 1965, para encabezar un movimiento guerrillero que concluyó 11 meses después en fracaso con su ejecución.

Pero algunos de los organizadores del homenaje comentaron que la idea de realizarlo partió del más joven de los cinco hijos del Che y contó con el apoyo resuelto de Aleida, la mayor de los cuatro vástagos de la familia cubana del "Guerrillero Heroico".

"Venimos a rendir tributo a un gran hombre", afirmó Lázaro William González, uno de sus promotores y quien recorrió 270 km para llegar desde La Habana a Santa Clara, ciudad que adoptó al Che después de tomarla en diciembre de 1958 en una batalla decisiva para el triunfo de la revolución.

El vicepresidente del Club de Harley Davidson de Cuba, Onelio Acosta, dijo por su parte que Ernesto "ama las Harley" y "sabemos que el Che fue un gran amante de las motocicletas". "Viajó por América Latina en una Norton 250, inglesa", apuntó Acosta, un experto en la materia.

El harlista se refería al viaje que Guevara y su amigo Alberto Granados, que vive en Cuba, realizaron desde Argentina por Sudamérica (Chile, Perú, Colombia y Venezuela) entre diciembre de 1951 y julio de 1952, y que marcó para siempre la vida del joven Che, entonces a punto de graduarse de médico.

Portando banderas cubanas, los harlistas llegaron a Santa Clara desde La Habana y Matanzas, ambas en el occidente de la isla, y desde varios municipios del centro de la isla, recorriendo largas distancias.

"Para un harlista andar por la carretera es reconfortante, pero viajar tantos kilómetros para homenajear al Che lo es todavía más, es un alto honor", declaró José Antonio Reyes, un admirador de 29 años de Matanzas.

"A los cubanos nos enseñan a querer al Che desde muy pequeños y realmente lo tenemos como el paradigma de ese hombre nuevo del que tanto habló", agregó Reyes, quien, como todo harlista vestía de negro y llevaba gruesas cadenas colgadas al cuello.

Lázaro Brotons, maestro en una escuela de oficios y quien preside el club al que pertenece Reyes, subrayó que enseña a sus alumnos "a querer al Che, porque es un símbolo de dignidad, valentía y altruismo".

“Es un hombre que llevo aquí muy cerca del corazón", dijo, señalando un dije con la imagen de Guevara que lleva colgado del cuello y otro estampado en su Harley, modelo UL de 1947.

La esposa de Brotons, Marta Ruíz, harlista y mesera en un hotel de la playa de Varadero, participa en la charla: "A veces existe un criterio negativo sobre nosotros, somos un grupo muy heterogéneo, pero muy solidario, y la idea de rendir homenaje al Che prendió, y aquí estamos".